Líbreme Dios de moza adivina y de mujer latina.
Badajoz, tierra de Dios, que andan las putas de dos en dos.
Buena compañía, Dios y Santa María.
El ladrón en la horca y el santo en el altar para bien estar.
Un mendigo se compadece de otro que está parado enfrente de una puerta
El que de amarillo se viste a su hermosura se atiene.
Mujer que no tiene encanto, se queda para vestir santos.
Por San Vicente, alza la mano de la simiente.
Monja de Santa Irene, que en brazos llevas el nene.
Nunca patees el pesebre que te vio nacer.
A la madrina, tras la puerta la arrima, y a la comadre, donde la hallares.
Madre, casarme quiero, que ya llegó el candelero.
El muerto delante y la griteria atrás.
Albricias, madre, que pregonan a mi padre.
Para Santa Teresa, rosa en la mesa.
Mayo ermitaño, que comienzas con la Cruz y acabas en lo alto.
Dios te guarde de trasera de mula y de delantera de viuda.
Ay, Jesús, que el rosario de mi compadre no tiene cruz.
Al alba de la duquesa, que da el sol a media pierna.
Chica aldea, ni pan duro ni mujer fea.
A putas y ladrones nunca faltan devociones.
A la mujer y la picaza, lo que vieres en la plaza.
Dar la soguilla para sacar la vaquilla.
Obrada de San Andrés, ni la prestes ni la des.
Guárdete Dios del diablo, de hijo y ojo de puta, y de tumbo de dado.
De aire colado y de fraile colorado, guárdeme Dios.
La cara del santo hace el milagro.
La dicha de la fea, la hermosa la desea.
La mujer lunarosa, de suyo es hermosa.
La pascua del aldeano, la barba hecha y el tejuelo en la mano.
Voz del pueblo, voz de Dios.
Algo tiene la fea, por donde el galán la desea.
Guárdame en casa y te honraré en la plaza.
Halagos de suegra, consuelo de nietos.
Bien mereció papilla quien se fió de Mariquilla.
La mujer bella está mejor desnuda que vestida de púrpura
El pudor de la doncella la hace aparecer más bella.
Un diablo bien vestido, por un ángel es tenido.
Tan bien parece el ladrón ahorcado, como en el altar el santo.
Acabar como el Rosario de la Aurora.
A Dios de rodillas, al rey de pie, y al demonio en el canapé.
A la mujer parida y a tela urdida, nunca le falta guarida.
Primero es Dios que todos los santos.
Más linda que una azucena, más limpia que una patena.
Garganta de aduladores, sepulcro abierto
Por Santiago y Santa Ana pintan las uvas, y para la Virgen de Agosto ya están maduras.
Dale limosna mujer, que no hay en la vida cosa más mala, que la pena de ser ciego en Granada.
La dama de doce años que no tiene novio, pele la pava con el demonio.
Dios da pañuelo al que no tiene narices.
De chica candela, grande hoguera.