El hombre que no se equivoca no es humano.
Lo que has de dar al rato, dáselo al gato.
Piensa mucho, habla poco, escribe menos.
Favorecer a quien no lo ha de estimar es como echar agua al mar.
Un perro sabe donde se tira comida.
El que con locura nace, con ella yace.
Sabe más que Lepe, Lepijo y su hijo.
No hay mucho que no se acabe, ni poco que no alcance.
Quien bueyes ha perdido, cencerros se le antojan.
El que está, y no está por su gusto, que se joda es justo.
Cría buena fama y échate a dormir; críala mala y échate a morir.
Cada loco con su tema y cada cuerdo con su apotema.
Qué es una raya más para el tigre.
La juventud del viejo está en el bolsillo.
De golpe y porrazo, se enriquece el ladronazo.
De aceituna, una; de vino una laguna; y de asado, hasta quedar botado.
En la duda, ten la lengua muda.
No existe cosa escondida que con el tiempo no sea bien sabida.
Juan Segura vivió mucho años
Borrón de escribano no es sin engaño.
Dinero ahorrado, dos veces ganado.
En las caricias de otoño, se empieza en la cara y se acaba en el coño.
Al asno rudo, aguijón agudo.
El que se viere solo y desfavorecido, aconséjese con los refranes antiguos.
Quien se acerca al bermellón enrojece, quien se acerca a la tinta ennegrece.
No debe de cambiarse de caballo al pasar el río.
La lengua es el castigo del cuerpo.
Siempre habla un cojo cuando hay que correr.
Lo que hacemos en la vida, tiene su eco en la eternidad.
Lengua de barbero, afilada y cortadora.
Para poner el rejo flojo, hay que meterlo en remojo.
Edificar sobre arena no es buena labor.
Quien predica en desierto pierde el sermón, y quien lava la cabeza del asno pierde el jabón.
Sé constante y ten ánimo en tus trabajos.
Habla cuando te hablen; acude cuando te llamen.
El agua arruina el puente y el vino la mente
La labranza no tiene acabanza.
Lo que de la boca sale, del corazón procede.
El que no va por la mar, no sabe a Dios rogar.
Ni bebas sin ver, ni firmes sin leer.
A caballo nuevo jinete viejo.
La bondad vence la maldad como el agua al fuego
La marcha instruye al asno.
No dar ni recibir, sin escribir.
De pequeñico se doma al mimbre.
Puede suceder algo imprevisto de un momento a otro.
Detén con suavidad, deja ir con suavidad. Este es uno de los mayores secretos de la felicidad en el amor.
Dios castiga sin piedra ni palo.
Lo que está por pasar pasará.
Echa bien tus cuentas, para que después no te arrepientas.