Un hombre es juzgado por la compañía que lo rodea.
Dinero llama a dinero.
El que es demasiado pequeño, siempre tiene un orgullo muy grande.
A cada puerta, su dueña.
Quien el incendio busca o se quema o se chamusca.
El hombre se arropa, hasta dónde la sábana le llegue.
El mono sabe el palo al que trepa.
El que fía y no sabe cobrar, pronto no tendrá con que pagar.
Favor del soberano, lluvia en verano.
Nunca te apures para que dures.
Darás con la cabeza en un pesebre.
Del favor nace el ingrato.
Búsqueme que me encuentra. Como advertencia: no me provoques.
No dejes para otros lo que no quieras para ti.
Cada cual mire por su cuchar.
Tanto hace por su fama quien te envidia como quien te alaba.
Bien muere, quien bien vive.
A fuerza de villano, hierro en mano.
Las obras de caridad dicen quien es hombre de bondad.
Buen abogado, mal cristiano.
Los héroes que saben sacrificarse mejor, son los que mejor saben matar
Amigo de mesa y mantel, no fíes de él.
A veces el amor perfecto llega con el primer nieto.
Flaco hombre, mucho come.
No puedes enderezar el mundo con tu hombro.
A fuerza de varón, espada de gorrión.
Cada uno en su casa es rey, pero su mujer hace la ley.
El consejo a posteriori es como la lluvia tras la cosecha
Hijos y duelos nos hacen gastar pañuelos.
Lo que a la sombra se urdiese, a la luz del día aparece.
No te acerques a una cabra por delante, a un caballo por detrás, y a un tonto por ningún lado.
Como al hierro la herrumbre, la envidia al hombre consume.
Allá van leyes, donde quieren reyes.
Maestre por maestre, seálo éste.
La gente se arregla todos los días el cabello, ¿por qué no el corazón?.
Habiendo don, tiene que haber din.
Aprovecha el tiempo bueno, ya que el malo se mete solo.
Cualquiera puede mirar a través de una tabla de roble si ésta tiene un agujero
Que cada zorro cuide su propia cola.
El que tiene es el que pierde.
Rey determinado no ha menester consejo.
El amor mueve montaña.
No nada más de pan vive el hombre.
Más vale que sobre que no que falte.
Jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino.
Una pelea raramente continúa cuando el jefe ha caído.
A lo que no puedas, no te atrevas.
Que sabe de amores, el que nunca se ha casado.
El hábito es una camisa de hierro.
Hay que mantener firme y custodiado nuestro corazón, si se deja ir puede perder la cabeza