Quien da para recibir no da nada
Para los muertos y los ausentes no hay amigos
Aunque uno esté dormido, no deja de amanecer.
Ira de mujer, trueno y rayo es.
Guárdate del enemigo que llevas en ti y contigo.
Esto tiene más tiras que el calzoncillo de Jesucristo.
Limosna que así se vela y se ofrece, de lo alto viene.
Quien es amigo de todos es muy rico o muy pobre
El temor del Señor prolonga la vida, pero los años del malvado se acortan.
El que apura su vida, apura su muerte.
La maldad con la belleza es el anzuelo y el cebo del diablo.
Más vale ser pobre que estar enterrado.
Al amigo, con su vicio se le debe querer y atender.
A quien nada quiere, todo le sobra.
El que más puede, más aprieta.
Quien bien conoce el camino, llega sano a su destino.
Quien busca encuentra, aunque otra cosa sea.
A fin de que seas mejor, purifícate todos los días.
Caldera observada no hierve jamás.
El abad canta donde yanta.
Nadie puede huir de lo que le ha de venir.
Cada uno en su casa es rey.
Mala olla y buen testamento.
El cordero manso mama a su madre y a cualquiera; el bravo ni a la suya ni a la ajena.
El corazón en paz ve una fiesta en todas las aldeas.
El mundo da muchas vueltas.
Más vale salto de mata que ruego de hombres buenos.
Lo que se hace un día, es semilla de felicidad para el día siguiente.
Los carpinteros dan forma a la madera; los flecheros dan forma a las flechas; los sabios se dan forma a sí mismos.
Eres lo que comes.
Ten tu mano pronta para echarla al sombrero, y tardía para meterla en el bolsillo.
El odio es motivo de disensiones, pero el amor cubre todas las faltas.
Manda y descuida; no se hará cosa ninguna.
Apaga la luz, Mañosón!
Sufra quien penas tiene, que tiempo tras tiempo viene.
A los audaces la fortuna les ayuda.
Nobleza, obliga; y agradecimiento liga.
El que muda de amo, muda de hado.
Acuéstate con perros y te levantarás con pulgas.
Para todo mal es necesario un médico: el tiempo
Fortuna y aceituna, a veces mucha y a veces ninguna.
El Diablo no se harta de romper suelas.
El hombre de carácter atraviesa mil ríos sin mojarse los zapatos
De lo que te sobre da tu parte al pobre.
La casa del que se burla, acaba incendiándose.
Viento del solano, agua en la mano.
Nunca viene una desgracia sola.
El cuando y el pero es la herencia de los tontos.
Llave que en muchas manos anda, nada guarda.
Para la mi santiguada, que de donde vino el asno venga la albarda.