Maldita seas, ave; la pluma, más no la carne.
Da el sartenazo al que tiene la sartén por el mango.
No son malos tiempos, es malo el hombre
Gente de montaña, gente de maña.
El que atiende a la corrección va camino a la vida; el que la rechaza se pierde.
La gloria del amante es la persona amada.
De gran corazón; el sufrir y de gran seso, el oír.
Siéntate, si así quieres, sobre el corazón de un león, pero nunca sobre el de un hombre.
El hacer bien a un bellaco, es guardar agua en un saco.
No cuentes dinero delante de los pobres.
Mujeres y aves, todas poner saben: ésta poñen huevos, y aquellas poñen cuerno.
Nadie compra la vaca si le regalan la leche.
La mejor caridad es la justicia para todos
Cuando la colcha está sobre la cabeza, los cónyuges son igualmente ricos
Ahora que tenemos tiempo, cuéntame un cuento.
Madeja enredada: quien te madejó, ¿por qué no te devanó?.
Cuando el león envejece hasta las moscas le atacan.
Un momento es más valioso que miles de piezas de oro.
A padre avaro, hijo pródigo.
Ciertos maridos existen porque ciertas mujeres no han querido quedarse solteras
Con dinero, aunque borrico, ¡qué buena persona el chico!.
Mujer que al andar culea, bien se yo lo que desexa.
Es mejor dar un centavo que prestar un peso.
Hechos son amores y no buenas razones.
Habla cuando te hablen; acude cuando te llamen.
Sabe más que Lepe, Lepijo y su hijo.
Una sola palabra puede decidir un negocio. Y un solo hombre, la suerte de un imperio.
El árbol no niega su sombra ni al leñador.
Ratoncitas y ratones, bonitos, pero ladrones.
Si hay trato, amigos pueden pueden ser el perro y el gato.
A padre ahorrador, hijo gastador.
El ruso tiene tres principios: quizá, de alguna manera, no importa.
Nace el pez para nadar, como el topo para minar.
Hacerle a uno la pascua.
¡Qué te fagorizen! (publicidad española de finales de los 60. FAGOR).
Se muere de vergüenza, no de miedo.
Todo gran amor no es posible sin pena.
El corazón tiene sus razones, que la razón desconoce.
Siembra quien habla y recoge quien calla.
La mujer de un hombre sospechoso tiene cuarenta hombres como esposos
El maestro Quiñones, que no sabe para él, y ya quiere dar lecciones.
De boca para fuera.
Quien guarda su puridad, excusa mucho mal.
Culillo de mal asiento, no acaba cosa ninguna y emprende ciento.
Zapatero remendón, en el hombre lleva el don.
Tienen los que pobres son la desgracia del cabrito: o morir llegar a ser cabrón.
Mande el que puede, y obedece el que debe.
Dando y tomando, no cabe engaño.
El corazón es el primero que vive y el último que muere
Ajada tenemos, a San Pedro recemos.