No dejes que tus recuerdos pesen más que tus esperanzas.
A quien feo ama, bonito le parece.
O con el mundo o con Dios; pero no a la par los dos.
Abogacía que no zorrocía.
Cuando dos pleitean, un tercero se aprovecha.
Buen porte y buenos modales, abren puertas principales.
Quien por malos caminos anda, malos abrojos halla.
Quien sabe esperar, sabe lograr.
Gran riqueza cien quebraderos de cabeza.
De vino aguado o agua envinada, no me des nada.
Uno hizo la calza, y otro se la calza.
Hacienda, que tu amo te atienda, y si no que te venda.
Día que pasa, día que no, día perdido.
Menos ha de ser llorado el muerto que el desdichado.
Cuanto más cerca estamos sentados, más regañamos.
Gallina que al gallo espanta, córtale la garganta.
De hurtar una castaña y otra castaña, se hace la mala maña.
El que todo lo quiere, todo lo pierde.
A buey viejo, cencerro nuevo.
Barbas mayores quitan menores.
Al buen sordo, pedo gordo.
Dinero ahorrado, dos veces ganado.
Quien quiere bueno y barato, demora buscando un rato.
Con el buen sol, saca los cuernos el caracol.
A quien no habla, no le oye Dios.
La religión presenta pocas dificultades a los humildes, muchas a los orgullosos, insuperables a los vanidosos
En Abril aguas mil, coladas por un mandil; en Mayo, tres o cuatro, y ésas con buen barro.
La mejor fraternidad es la desgracia.
En Diciembre, no hay valiente que no tiemble.
Condición es de mujer despreciar lo que dieres y morir por lo que le niegues.
A padre ahorrador, hijo gastador.
La mujer y la mula cada día te hacen una y suerte te dará Dios si no te hacen dos.
Cuando las vigas se rompen se reconstruyen; cuando los hombre mueren se les sustituye.
Cuando te den la vaquilla, acude con la soguilla.
Una gota de sangre vale más que cien litros de amor.
El que bien te quiere te hará llorar.
El que mucho ofrece, poco da.
¿De dónde eres, hombre?. De la aldea de mi mujer.
Esto vale lo que un ojo de la cara.
Al que quiera celeste, que le cueste.
Qué bien canta María después de la comida.
Que aproveche como si fuera leche.
Allá va la lengua do duele la muela.
Cuando fueres yunque, sufre como yunque, cuando fueres mazo, pega.
Hay un tiempo para soñar y otro tiempo para actuar. Solo el sabio sabe la diferencia.
El dinero es igual al estiércol, solo sirve para estar esparcido.
Quien al cielo tira flechas, vuélvensele a la cabeza.
Por mucho que un hombre se afane, siempre hay quien le gane.
Ni con cada mal al físico, ni con cada pleito al letrado, ni con cada sed al jarro.
Hembra cobarde se casa mal y tarde.