Dedo encogido, no rebaña el plato.
Oficio ajeno, dinero cuesta.
Buena Voluntad hace que el camino sea más corto.
Mejor pájaro libre que rey cautivo.
Culos conocidos, a cien años son amigos.
Bueno es el vino, cuando es del fino.
Un loco echa una piedra al río, y cien cuerdos no la pueden recuperar.
Quien siembra favores, cosecha rencores.
Matar pulgas a balazos.
Todos nacimos en cueros; y aunque la vanidad nos viste, la tiera nos dejará en los huesos.
Quien viste de harapos en un país donde todos van desnudos, será tomado por loco.
El consenso es poder, la fe el alma del hecho
A quien dices tu secreto, haces tu dueño.
Conejo, perdiz o pato, venga al plato.
Es mejor dar un centavo que prestar un peso.
Más vale buen amigo que pariente ni primo.
Quien mucho desea, mucho teme.
A los bienes y a los males, la muerte los hace iguales.
Inútil como bocina de avión.
Un mal pequeño es un gran bien.
A cántaro roto, otro al puesto.
La cama guarda la fama.
Muy bien conoce la rama, el mico que la encarama.
Echar confites a un cochino, es desatino.
Fuerte desdicha es, no aprovecharse de la dicha.
A mono viejo no se le hace morisqueta.
Según se prepara la cama, así se duerme.
No se llame señor quien en Tierra de Campos no tenga un terrón.
Más difícil que matar un burro a pellizcos.
Ninguno por ser querido se esfuerce, que a veces lo torcido se destuerce.
Harto es bobo quien se mete en la boca del lobo.
Más vale una mala boda que un buen entierro.
Amigo viejo y casa nueva
A mucho amor, mucho perdón.
Junta de rabadanes, oveja muerta.
Matar un tigre.
Jornal del obrero suele quedarse en la tienda del tabernero.
Amor con amor se paga.
Moda nueva, bien parece, y mal cuando fenece.
Ni el trigo es mío, ni es mía la cibera, conque así, muela el que quisiera.
Quien conversa con un rostro amable, llena de alegrías los corazones de los demás.
Agua de mayo, no cala el sayo.
La moza buena, en casa está y afuera suena.
De todas maneras, aguaderas.
Al que le pique, que se rasque.
Llenarle la cuenca a alguien.
La mujer que no dice que sí, no vale un maravedí.
El día que hayais envenenado el último río, abatido el último árbol, y asesinado el último animal, os dareis cuenta que el dinero no se puede comer.
Sentarse en las cenizas entre dos banquillos
El que mucho fía, se queda con la bolsa vacía.