No hay don sin din.
La mujer lo hace, y el marido no lo sabe.
Para abaratar la vida, producir mucha comida.
A quien hace mal, uno, al lisonjero, ninguno.
Juglares y putas, cuando envejecen nadie los busca.
Ave de mucha pluma poco tiene que comer.
A Dios lo mejor del mundo, pues es señor sin segundo.
No es buen año cuando el pollo pica al gallo.
Quien no limpia el arado cuando ara, no se limpia el culo cuando caga.
Araña de día, carta o alegría.
El gusto se rompe en géneros.
El que come y no da, atragantado morirá.
Lo que va a la barriga si no mata, engorda.
¿A un perdido, quién lo pierde?.
Vivirás dulce vida si refrenas tu ira.
La primera impresión es la que cuenta.
El hombre que no sabe sonreír no debe abrir la tienda.
Si iniciaste el camino por voluntad propia mil ri parecen uno solo. (El ri es una unidad de medida de longitud japonesa)
El cebo oculta el anzuelo.
Gloria mundana es gloria vana.
La marcha instruye al asno.
De petaca ajena, la mano se llena.
Al fisgón cuando menos un trompón.
El que se acuesta con hambre, sueña con viandas.
Da lo tuyo antes de morir, y dispónte a sufrir.
Que salga el sol por donde saliere, pero que salga.
Hermosura de hembra, mil desazones siembra.
Arca abierta al ladrón espera.
Los defectos son muchos cuando el amor es poco.
Cuenta treinta y tres antes de decir, y noventa y nueve antes de escribir.
La mujer, el huerto y el molino, requieren uso continuo.
La oprtunidad la pintan calva.
Quien hace una pregunta es ignorante cinco minutos; quien no la hace será siempre ignorante.
Buena madera, buen oficial espera.
Que se le mantenga alejado de papel, pluma y tinta; así podrá dejar de escribir y aprenderá a pensar
Como que se murió si me debía.
El que aguanta lo más, aguanta lo menos.
Quien a solas se aconseja, a solas se remesa.
La paja en el ojo ajeno se mira más despacio.
El primero que llega se le sirve primero.
Por San Simon y Judas, saben más ricas las uvas.
Tiene más cuentas que un rosario.
Trabaja junto para el beneficio de toda la humanidad.
Agua, ni quiebra hueso ni descalabra.
¿De dónde eres, hombre?. De la aldea de mi mujer.
No ha visto muerto cargando basura.
Cada hombre lleva un loco dentro, y cada mujer un ciento.
Reniego de bacín de oro em que he de escupir sangre.
Si clamares a la inteligencia, Y a la prudencia dieres tu voz; Si como a la plata la buscares, Y la escudriñares como a tesoros, Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios. Proverbios 2:3-4-5
Quien todo lo pensó nunca se caso.