Cada día olla, amarga el caldo.
Quien se casa por dinero, no se llama caballero.
Bestia es, y no persona, quien de lo ganado goza.
Después de la victoria, aprieta el casco.
Quien no estudia cuando es joven, lamentara cuando sea viejo el tiempo perdido.
Por amor a la rosa se soportan las espinas
Ni caballo patiblanco, ni tierra falduda.
El que persevera triunfa.
A quien reparte sus bienes antes de la muerte, agarra una estaca y pégale en la cabeza.
Es más fácil ser Doctor, a veces, que ser Señor.
El que ha desplazado la montaña es el que comenzó por quitar las pequeñas piedras.
Amor con hambre, no dura.
Por el pico, muere el grande y el chico.
Al viejo pelele, todo le duele.
Aquel que ha hecho una puerta y un cerrojo, también ha hecho una llave.
La vieja escarmentada, pasa el río arremangada.
A quien mal vive, su miedo le sigue.
Quien coma en Mayo la sardina, en Agosto le pica la espina.
Cuando el ventero está en la puerta, el diablo está en la venta.
Zumba con el desigual en casa, y zumbará contigo en la plaza.
El que coge la zorra y la desuella, ha de saber más que ella.
En el mes de San Juan, al sol se cuece el pan.
Alza en blando, bina en duro y no verás a tu suegro sañudo.
A buena fe y sin mal engaño, para mi quiero el provecho y para ti el daño.
En el ajedrez, el Rey y el Peón van siempre al mismo cajón.
La felicidad no es cosa de risa
Mientras más se vive, más se aprende. Por eso había una vieja que nunca quería morirse.
En este mundo estupendo, todo es dando y recibiendo.
Costurera mala, la hebra de a vara.
Comamos y amemos, y no nos engañemos.
Nadie quiera de lo ajeno más de lo que quisiera el dueño.
El que se apura, poco dura.
A falta vieja, vergüenza nueva.
Agua fría y pan caliente, mata a la gente.
Variante: Dejar de comer por haber comido, no hay nada perdido.
Huyes de la mortaja y te abrazas del difunto.
Hacer como el carpintero: medir dos veces, para cortar una vez.
El árbol que no da frutos, da leña.
El que con su barriga se enoja, la tripa le queda floja.
Adonde el corazón camina, el pie se inclina.
En vino y en moro, no pongas tu tesoro.
Invierno seco y verano mojado, para el que labra malhadado.
Suele ser disparate levantar la liebre para que otro la mate.
El necio no escarmienta sino en su cabeza.
Si me das pescado, comeré hoy; si me enseñas a pescar, podré comer mañana.
Ni santo sin estampa, ni juego sin trampa.
La amistad termina donde la desconfianza empieza.
Los hombres prudentes aprenden con los errores de otros; los tontos por los errores propios.
Los ríos hondos corren en silencio, lo arroyos son ruidosos.
Peor que el ciego el idiota que mira pero no nota.