A catarro gallego, tajada de vino.
Cántaro roto para tiesto vale.
La puerca tira del tapón
Quien se quemare, que sople.
Tanto va el cantaro al agua, que al fin se rompe.
Con el callar, vencerás.
Hay quien mea en caldera y no suena, y hay quien mea en lana y atruena.
La corneta, lo mismo toca a diana que retreta.
Por fin lo comprende mi corazón: escucho un canto, contemplo una flor: ¡Ojalá no se marchiten!
Cuando el corsario promete misas y cera, con mal anda la galera.
Muchas candelitas hacen un Cirio.
Estar como caimán en boca de caño.
El mirón mirar, pero sin chistar.
Escuchar cientos veces; ponderar mil veces; hablar una vez.
Hablar por la boca del ganso.
Oír como quien oye llover.
Un alma sola, ni canta ni llora.
Tu colmenar no catar, hasta no vendimiar.
Mucho sabe quien callar sabe.
Muy estirar la Cuerda, el arco quiebra.
Callar como puta tuerta.
Panza llena, quita pena.
Lo que sea que suene.
Al pan, pan. Al vino, vino.
Del reir viene el gemir.
Irse con la música a otra parte.
Quien no canea, calvea.
Caer es más sencillo que levantarse.
Madre, ¿qué cosa es casar?. Hija: hilar, parir y llorar.
Ser un mordedor de pilares
Cava, cava y encontrarás agua.
Chanzas y danzas, no llenan panza, tajada buena si la llena.
El cielo escucha las plegarias del corazón, no de la voz.
Tentar la huevera a las gallinas
Cierra tu puerta y alaba a tus vecinos.
Estás en la procesión y también quieres tocar las campanas.
Alegrías secretas, candela muerta.
Por la sotana del vicario sube la moza al campanario.
Beber por lo ancho y dar de beber por lo estrecho.
La boca que no habla se escucha con dulzura.
Para el particular, paso regular. Para el contratista, vista. Para el Ayuntamiento, paso lento. Pa la Diputación, buena canción. Pal Estáu, echáu.
Caída, casamiento y catarro, tres ces que mandan al viejo a mascar barro.
Beatas con devoción, las tocas bajas y el rabo ladrón.
Chupar de la teta.
Tronar como un arpa vieja.
Aunque mucho suena, solo echa aire la trompeta.
Hacer castillos en el aire.
Hombre de voz hueca, sesera vacía o seca.
Nadar, nadar, y a la orilla ahogar.
Una buena campana se siente de lejos.