A cada cerdo le llega su San Martín.
De Dios a abajo, cada cual vive de su trabajo.
A cada cual inclina Dios para lo que es y a buen fin, si no lo tuerce quien se hace ruin.
Lleva con ánimo igual lo que es bien y lo que es mal.
Lo que saben dos, lo saben ellos y Dios; lo que saben tres, ciento lo sabrán después.
El que paga y goza, empata y hasta gana.
El que tiene hijos vive como un perro y muere como un hombre; y el que no los tiene, vive como un hombre y muere como un perro.
Todos somos parte de una prodigiosa unidad
El que bien reparte, se lleva la mejor parte.
A cada cosa le llega su tiempo.
A cada cerdo, le llega su sábado.
Van al mismo mazo.
El cuervo es el paria de las aves; y el asno, el paria de los cuadrúpedos, y el hombre, el paria de los parias, puesto que desprecia a sus semejantes.
A cada cajón, su aldabón.
El hombre sabio aprende a costa de los tontos.
Boca de verdades, temida en todas partes.
Entre amigos honrados, cumplimentos dispensados.
A cada uno le parece pesada su propia cruz.
Manden unos, manden otros, los tontos siempre nosotros.
Nunca falta de que reírse.
Bocado comido no guarda amigo.
Ama de cura, puta segura.
Cada malo tiene su peor.
Cada agujetero alaba sus agujetas.
Nadie se mira su moco, pero sí el que le cuelga al otro.
El que algo teme, algo debe.
Cada uno quiere llevar agua a su molino y dejar seco el de su vecino.
Todo día tiene su noche, toda alegría tiene su pesar.
Tal para cual, para tal culo, tal pañal.
Cada uno dice quién es.
Mujeres xuntas, ni difuntas.
Intimidad, con ninguno; trato, con todo el mundo.
Lo mío, mío; y lo tuyo, de entrambos.
A lo que está de moda, todo el mundo se acomoda.
Cada cosa tiene su precio.
Que uno fume y otro escupa, no es cosa justa.
Que convenga, que no convenga, Dios quiere que todos tengan.
Jamás rico será el que lo de otro en lo suyo no meterá.
Como al caballo le prueba el camino, a los hombres les prueba su sino.
A muller é o carniceiro médralle a carne na man.
Nadie es mejor que nadie.
Cada uno habla de la feria, según le va en ella.
Sé arrojado, pero no demasiado.
En el ajedrez, el Rey y el Peón van siempre al mismo cajón.
Si no vas de acuerdo con uno, es su problema;si no vas de acuerdo con nadie, es tu problema.
Procura siempre vivir como quien ha de morir.
Aquel que guarda siempre tiene.
Los hermanos y las hermanas están tan unidos como las manos y los pies.
Todos los hombres son sabios; unos antes, los otros, después.
Dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma opinión.