El que llega tarde, no bebe caldo
Una cosa piensa el borracho, y otra el cantinero.
Llegada la ocasión, el más amigo, el más ladrón.
Quien roba una vez, roba diez.
A la vulpeja dormida, no le cae nada en la boca.
El tiempo y la marea, ni se paran ni esperan.
No hace tanto daño la zorra en un año, como paga en un día.
Dios castiga, pero no ha palo.
Maderos hay que doran, maderos hay que queman.
A chico mal, gran trapo.
Harto es bobo quien se mete en la boca del lobo.
Casa convidada, pobre y denostada.
Hasta una hormiga que pierde, duerme.
Al hambre de siete días, no hay pan duro.
Conejo que bien corre, no lo asan.
Quien mucho duerme, legañas tiene.
Ni cabalgues en potro, ni alabes tu mujer a otro.
Buen corazón quebranta mala ventura.
Almendro de enero, no llega al cesto.
El arenque cuelga de sus propias agallas
Más come la vaca en una lenguada que la oveja en toda la jornada.
El ruin buey, holgando se descuerna.
Presto rico, presto pobre.
El rico no pierde sino el alma, y las hijas de los pobres.
Niebla en la mañana, tarde muy galana.
Mal empleada está la hacienda en quien no es señor de ella.
Echéme a dormir y espulgóme el perro, no la cabeza sino el esquero.
Este batea y corre para tercera.
Hay quienes pasan por el bosque y no ven leña para el fuego.
Yegua que no has de montar, de tu paja ni catar.
Burro harón, hacia el pesebre es trotón.
Mas trucho que el cacun vendiendo josting.
Si en Abril hay lodo, no se perderá todo.
Agua de mañana y concejo de tarde, no es durable.
El amo imprudente hace al mozo negligente.
Cabra de manada, no se halla encerrada.
Guerra avisada no mata soldado.
Mal camino no va a buen lugar.
Cielo a lana, si no llueve hoy lloverá mañana.
A tal puta, tal rufián.
De perdidos, al río.
Cachicamo trabaja pa' lapa.
Al perro que tiene dinero se le llama señor perro.
Durar menos que el cantar de un vizcaíno
A quien tiene escopeta, guitarra, reloj y mujer, nunca le falta un trasto que componer.
El que anda con un cojo, si al año no cojea, renquea.
No creó Dios al burro para músico.
A liebre ida, palos al cubil.
Ni al jugador que jugar, ni al gastador que gastar, ni al avaro que guardar.
No alabes el día hasta que haya llegado la tarde; no alabes a una mujer hasta su pira; no alabes una espada hasta haberla probado; no alabes a una doncella hasta que se haya casado; no alabes el hielo hasta haberlo cruzado; no alabes la cerveza hasta haberla bebido.