Nada contra la corriente.
A tu casa venga quien te eche de ella.
El que de rosas de comer al burro, cobrara con un rebuzno.
De cerro a cerro una cañada, y de cero a cero no va nada.
A lo que no tiene remedio, oídos sordos.
San Donato, la picha te ato y si no me lo encuentras no te la desato (para algo que se ha extraviado).
Tira el buey, tira la vaca; más puede el buey que la vaca.
No falta de que reirse.
La desgracia a la puerta vela, y en la primera ocasión, se cuela.
Tanto le alabas que nunca acabas.
El bien viene andando, pero el mal volando.
La mala moza, a porrazos hace las cosas.
Los pensamientos no tienen fronteras
Ocasión que se pasó, pájaro que voló.
No te acerques a una cabra por delante, a un caballo por detrás, y a un tonto por ningún lado.
Amor hecho a la fuerza no vale nada
Quien tras putas anda y su hacienda les da, en el hospital parará.
No hay quien escupa al cielo que a la cara no le caiga.
Quien por su gusto padece, que vaya al infierno a quejarse.
Campanitas de Toledo, óigoos y no os veo.
A la cama no te irás sin saber algo más.
Culillo de mal asiento, no acaba cosa ninguna y emprende ciento.
San Telmo en la arboladura, mal tiempo augura.
Ya me cansé de descansar.
La lengua rompe huesos aunque ella no los tenga.
Por la caridad entró la peste.
Desnuditos nacemos y después todo apetecemos.
El tahúr no juega limpio.
El lobo y la oveja, nunca hacen pareja.
Lo nuevo guarda lo viejo.
En casa del pobre, ni vino ni odre.
O llueve o apedrea, o nuestra moza se mea.
No voy a misa porque estoy cojo, pero a la taberna me voy poquito a poco.
De Madrid al cielo, y un agujerito para verlo.
Por muchos pueblos y países anduvimos y, es seguro, de todos alguna cosa aprendimos.
Un abogado y un asno, saben más que un abogado.
Quien a su tiempo descansa, rinde el doble y no se cansa.
Cabra por viña, cual la madre tan hija.
A cada parte hay tres leguas de mal camino.
Por San Andrés el vino nuevo, añejo es.
Aunque no lo veamos, el sol siempre está.
Ni llueca eches que pollos saques.
El caballo viejo conoce bien el camino.
El buen hijo vuelve a casa y cuenta lo que le pasa.
Que saben las vacas de montura.
Hermosura y castidad, pocas veces juntas van.
La carne sobre el hueso relumbra como un espejo.
Vísteme despacio que estoy de afán.
Acostumbrado a su cueva el armadillo no se aleja.
A burro muerto, la cebada al rabo.