Este es el cuento de María Sarmiento, que fue a cagar y no encontró siento.
El que siembra y cría, tanto gana de noche como de día.
Para olvidar un querer, tres meses de no ver.
El perro viejo cuando ladra da consejo.
Tanto tiempo en el campo y no conoces el matojo.
Quien ríe y canta su mal espanta
Leche y vino, veneno fino.
Bien parece y bien están el asno en la cuadra y la mujer en el hogar.
Quien compra cuando no puede, vende cuando no quiere.
Tanto la lima mordió, que sin dientes se quedó.
Mejore morir de estómago lleno que vivir con el vacío.
El caballo viejo conoce bien el camino.
Huye del que te alaba, sufre al que te injuria
A la vuelta de la esquina, ¡adiós al amigo!
La mujer es como el sendero por el que se camina: no se debe pensar en los que ya lo anduvieron ni en los que lo andarán.
El que tiene hijos vive como un perro y muere como un hombre; y el que no los tiene, vive como un hombre y muere como un perro.
No tropieza quien no anda.
Calvo, y no de tiña, tuerto, y no de nube, mala costumbre.
A ver a un velorio y a divertirse a un fandango
No son las malas hierbas las que matan el trigo sino la negligencia del agricultor.
El labrador entre dos abogados, está como el pez entre dos gatos.
No cogíamos en el fuego, y parió la abuela.
El que nada debe nada teme.
Mal duerme quien penas tiene.
A la mujer y la picaza, lo que vieres en la plaza.
Ni a pícaro descalzo, ni a hombre callado, ni a mujer barbada les des posada.
El hambre es una fea bestia
El toro, a las cinco, y el torero, a los veinticinco.
Panojal que embarba, garojo que desgrana.
El gato maullador, nunca buen cazador.
Donde no hay harina todo es mohína.
Yo no siento que mi marido juegue, sino que pierda.
La voz del asno no pasa del tejado.
A amor mal correspondido, ausencia y olvido.
A caballo grande, grandes espuelas.
Dando al diablo el hato y el garabato.
Al invierno, no se lo come el lobo.
Nieve en Febrero, hasta la siega el tempero.
Si te sobra el tiempo de joven, de viejo se te esconde.
No te ensañes con el vencido, pues puedes correr su suerte.
Para su casa no hay burro flojo.
El que está debajo del peral, coge la mejor pera.
El viejo en su tierra y el mozo en la ajena miente de igual manera.
El que tenga la cola de zacate, que no se acerque a la lumbre.
Por Santa Catalina coge tu oliva, la vieja que lo sabía cogida la tenía.
Figa verdal y moza de hostal, palpando se madura.
Quien más no puede, con su mujer se acuesta.
Está como la reina mora que a veces canta y a veces llora.
Buena mano, de rocín hace caballo; y la ruin, de caballo hace rocín.
En el amor como en las armas la confianza pierde al hombre.