Boca abierta, dientes de oro.
Una buena palabra alegra, una mala hiere.
Pídele al viejo el consejo, te irá bien con él y llegarás a viejo.
Necesidad disimulada es necesidad doblada.
Del que yo me fío me guarde Dios, que de los que no me fío, me cuido yo.
Aceptar un don, requiere discreción.
A consejo de ruin, campana de madera.
Otro día amanecerá y buen tiempo hará.
Dar y tejer es buen saber.
Del que tiene dineros suenan bien hasta los pedos.
Casa de concejo, pajar de viejo.
Todos son unos, muertos y difuntos.
A barco viejo, bordingas nuevas.
Los jóvenes van por grupos, los adultos por parejas y los viejos van solos.
Decir es de charlatanes; hacer es de hombres formales.
Hay tres cosas que nunca podran recuperarse: la flecha lanzada, la palabra dicha y la oportunidad perdida.
Amor, viento y ventura, poco dura.
El pan con hartura y el vino con mesura.
El aspecto orgulloso aleja los corazones, pero la cortesía los gana.
Quien mocos envía, babas espera.
Bien viene el don con la veinticuatría, y mal con la sastrería.
Años pares, abrir los costales; años nones, pocos montones.
Hacerse de la vista gorda.
Cosa prometida es medio debida, y debida enteramente si quien promete miente.
El flojo y el mendigo, caminan dos veces el mismo camino.
A bien dar o mal dar, por no pedir no ha de quedar.
El no hacer falta y el estorbar, juntos suelen andar.
En casa del herrero cuchillo de Embero.
De usar y abusar, hay el canto de un real.
Cuando el daño está hecho todos saben aconsejarte
Con la mujer y el pescado, mucho cuidado.
Quien de lejanas tierras vuelve, mucho cuenta y mucho miente.
Para salir del hoyo un buey solo no basta, se necesitan dos.
Aleluya, aleluya, cada uno con la suya.
La confianza es algo muy bonito, pero hay que ganarsela.
Cada oveja con su pareja.
Los mejores consejos, en los más viejos.
El hombre en la plaza, la mujer en la casa.
Falsos diamantes no engañan a nadie sino en pueblos grandes.
Cambiarás de mesón, pero no de ladrón.
A mi, mis timbres.
Al cuerdo o al hábil, todo le es fácil.
Vine en el auto de Fernando, la mitad a pie y la mitad andando.
Las acciones revelan las pasiones
Ni poca ni mucha pena, nos causa desgracia ajena.
Una en el papo y otra en el saco.
Una vez engañan al prudente y al necio veinte.
Médicos y abogados, Dios nos libre del más afamado.
Como la fortuna es ciega, dalo al primero con quien se tropieza.
Quien sus bienes da en vida, merece que le den con una porra en la barriga.