Nieves en la tierra, abundancia en la vega.
Hay que predicar con el ejemplo.
A tu enemigo fallecido, perdón y olvido.
Callemos, que el sordo escucha.
El que da y quita, con el diablo se desquita.
La naturaleza, el tiempo y la paciencia son los tres grandes médicos.
Con persona de pelo panojo, mucho ojo.
Insistir al que es porfiado, es llover sobre mojado.
El necio dispara pronto sus dardos.
No tropieza quien no anda.
Trabajo de muchachos y arada de borricos, no vale un perro chico.
Existe también una felicidad que atemoriza al corazón
A liebre ida, palos al cubil.
Que cada zorro cuide su propia cola.
Adonde hay más. Adonde no está su dueño, allí está su duelo.
Con los curas a oscuras nunca te quedes, que aunque llevan refajos no son mujeres.
A la par, es negar y tarde dar. A la tercera va la vencida.
En Febrero llama a obrero, a últimos que no a primeros.
A heredad vieja, heredero nuevo.
Cabra que tira al monte, no hay cabrero que la guarde.
Por donde la cabra pasa, todo lo arrasa.
Pan candeal no hay otro tal.
Cuando fueres por el camino no digas mal de tu enemigo.
Cierre la boca y comience abrir la bolsa.
Parto largo, y parto malo, hija al cabo.
Dan el ala para comerse la pechuga.
Obsequiar a Buda con flores regaladas.
Despacito por las piedras
Puedes darle un consejo a alguien, pero no puedes obigarlo que lo siga.
Cuando fueres a la boda, deja puesta tu olla.
Bien ama quien nunca olvida.
No hay empleo sin llevar un buen jamòn.
Quien no puede dar en el asno, da en la albarda.
Corte, puta y puerto, hacen al hombre experto.
No dejes para mañana comida, hembra o vino.
Gala sin oro, aunque cueste mucho, luce poco.
Que cada sacristán doble por su difunto.
Al papel y a la mujer, lo que le quieran poner.
Vendimia en mojado y cogerás el mosto aguado.
Alcalde de monterilla, ¡ay de aquel que por su acera pilla!.
No hay mano que pueda para el tiempo
El mejor sol es el que calienta hoy
Es más feliz el que regala que el que recibe.
El tiempo todo lo pone a prueba.
No da un tajo ni en defensa propia.
Al médico, confesor y letrado, no le hayas engañado.
Siempre habla un cojo cuando hay que correr.
Una persona de gran sabiduría suele parecer torpe.
Cuando se trate de damas, no te vayas por las ramas.
Lo que no se empieza no se acaba.