Alcalde cruel, nadie dice bien de él.
Buena pata y buena oreja, señal de buena bestia.
Este se mete como Juan por su casa.
A falta de caballos, que troten los asnos.
¿Fiaste?. ¡La cagaste!.
Lo que puede hacerse en cualquier momento no se hará en ningún momento.
Ira de hermanos, ira de diablos.
Uñas de gato, y cara de beato.
A la hija traviesa, con azotes se endereza.
No saber de la misa la media.
Cada mochuelo a su olivo y cada puta a su rincón.
A tres azadonadas, sacar agua.
Mientras el cuerdo duda, el loco emprende y termina la aventura.
Hasta el manjar más sabroso, hostiga cuando es copioso.
Cuando el dedo señala a la luna el imbécil mira el dedo.Proverbio chinoA palabras necias, oidos sordos.
Ni fraile en boda, ni perro entre ollas.
No hay hombre tan bravo que el tiempo no haga manso.
Lisonjas en boca de embajador tienen mal sabor.
Afortunado el que vive tiempos tranquilos.
Pan con vino no emborracha, pero alegra a la muchacha.
Las aguas quietas, corren profundas.
Huerto y molino, lo que producen no lo digas al vecino.
Tres sacos son necesarios para tratar con un abogado: un saco de papeles, un saco de paciencia y un saco de dinero.
Adiós señora alcaldesa, que me llevo el reloj y las pesas.
El que camina en terreno plano, jamas tropieza.
El avaro, por gastar poco, aunque todo lo tiene, carece de todo.
Huyes de la mortaja y te abrazas del difunto.
Tanto peca lo mucho como lo poco.
Cuando la desgracia se asoma a la ventana, los amigos no se acercan a mirar.
El amigo de un idiota es como aquel que se acuesta con una hoja de afeitar en la cama
No te metas en querellas ajenas.
Edificar sobre arena no es buena labor.
La esperanza es la última en morir.
Darás con la cabeza en un pesebre.
Lo que de noche se hace a la mañana aparece.
Hasta ajustar, regatear.
Saber más que Merlín.
Solo una puerta no abre el martillo de oro: la puerta del cielo.
Imaginación hace cuerpo de lo que es visión.
Come a gusto y placentero, y que ayune tu heredero.
Quien quiera saber, que compre un viejo.
Amigo que quiere mi capa es ladrón de solapa.
Los libros, ¡cuánto enseñan!, pero el oro ¡cuánto alegra!.
En cada tiempo, su tiento.
A pan ajeno, navaja propia.
Lo que has de odiar o querer, debes antes conocer.
Un año bueno y dos malos, para que nos entendamos.
Los cojones del cura de Villalpado, los llevan cuatro bueyes y van sudando.
Lo que me debe Juan no me lo puede pagar; pero si se muriera, menos pudiera.
A la mujer casada, no le des de la barba.