En esta vida no hay dicha cumplida.
Le dijo el grajo al cuervo: quítate allá, que tiznas.
Mal haya el romero que dice mal de su bordón.
Ni el libro cerrado da sabiduría, ni el título por sí solo da maestría.
Ni con cada mal al físico, ni con cada pleito al letrado, ni con cada sed al jarro.
Envidia me tengan y no me compadezcan.
De los muertos no se hable sino bien.
La inteligencia anula el destino. Mientras piense un hombre es libre
El vuelco del carro delantero puede servir de aviso al que va detrás.
Cura y médico de aldea, por ellos vengan lo que desean.
Algo tendrá el matrimonio, cuando necesita bendición de cura.
Avaricia de tío, hacha de sobrino.
Plata refinada es la lengua del justo; el corazón del malvado no vale nada.
Niños Los de pequeños, que no hay castigo después para ellos.
Paga el puerco lo que hizo el perro.
Calvo, y no de tiña, tuerto, y no de nube, mala costumbre.
Pocas palabras son mejor.
Bien o mal, casado nos han.
La serpiente cambia el cuero, pero no su obrar rastrero.
Igual con igual va bien cada cual.
Cual el tiempo, tal el tiento.
Si tomas un mal camino, no esperes un buen destino.
Lo que se dice en la mesa debe ser envuelto en el mantel.
La ventura es paño que poco dura.
Dar del pan y del palo, para hacer buen hijo del malo.
Bailaré según tu música.
Ningún pescador de caña ni molinero de viento, necesita un escribano para hacer testamento.
Predicar en desierto sería gran desacierto.
El buen saber es callar, hasta ser tiempo de hablar.
Quien habla sin razonar, mucho lo ha de lamentar.
Aquella que más se niega, más enciende el apetito.
El que canea, no calvea.
Tal queda la casa de la dueña, ido el escudero, como el fuego sin trashoguero.
Tres ces matan a los viejos: caída, cámaras y casamiento.
En la aldea, no hay melón malo ni mujer fea.
A Dios, lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar.
A la hija traviesa, con azotes se endereza.
El oficial que no miente, sálgase de entre la gente.
Los mejores negocios se hacen entre susurros.
Aunque te chille el cochino, no le aflojes el mecate.
Dádivas quebrantan peñas.
Es combate disparejo, el del tigre y burro viejo.
A más edad, más conocemos del mundo la falsedad
Abril, sácalo de cubil; y dijo la buena vieja: lo mío al cenojil.
No dispongas para ti pesos con defecto: serán abundantes en penas por la voluntad del Dios.
Bueno es el rigor; pero la misericordia es mejor.
Madre no hay más que una.
La cortesía de un solo lado no puede durar mucho tiempo.
Mas vale un grito a tiempo que un sermón bien deletreado.
Prohíbe a un tonto que haga una cosa, y eso es lo que hará.