Las obras de caridad dicen quien es hombre de bondad.
Cayendo el muerto y soltando el llanto.
Con estudiante y soldado, mozuelas, mucho cuidado.
Mucho Madruga el que una cartera que encontró; pero más Madruga el que la perdió.
El idiota es como el ladrón de campanas, que se tapa el oído para robarlas.
Donde hay cuchicheo hay mentiras.
La dignidad no ha perdido, quien tiene un solo marido.
Quien escribe mucho desvaría
Con pretexto de amistad, muchos hacen falsedad.
Tienes que tener cuidado con lo que pides porque te lo pueden dar.
Juan de las Bragas, si no quieres que te lo digan, no las hagas.
Quien administra tus bienes, por suyos los tiene.
Si tienes miedo, a nadie lo reveles.
Por un clavo se pierde una herradura.
Del que tiene dineros suenan bien hasta los pedos.
A casa del cura, ni por lumbre vas segura.
Mejor es el pan cuando el corazón está dichoso, que riquezas con pesadumbre.
La manera de ver la luz divina es apagar tu propia vela.
Buen ejemplo y buenas razones avasallan los corazones.
La lengua de las mujeres es su espada, y, por cierto, nunca la dejan enmohecerse.
Cuanto más saben los hombres peores son
Hacer oídos de mercader.
Teta de noviciado.
Afana, suegro, para que te herede; manto de luto y corazón alegre.
Buena, por ventura; mala, por natura.
Más vale buen amigo que pariente ni primo.
El que a los suyos se parece, honra merece.
Colarse de rondón, es menospreciar a ala reunión.
Ayudar a las mujeres es ayudarse a sí mismo.
Aunque digas y no hagas, haz y no digas.
De pena murió un burro en Cartagena.
Bestia alegre, echada pace.
Hombre narigudo, ingenio agudo.
La espuela chuza más bueno, cuando el caballo es ajeno.
El deber y no pagar es tan antiguo como el mear.
Al medico, al confesor y al letrado, hablarle claro.
No amamos a una mujer por lo que dice, amamos lo que dice porque la amamos.
Más ordinario que un sapo en un acuario.
Dios carga a quien tiene buenas espaldas.
Ni hierba en el trigo ni sospecha en el amigo.
Todo necio confunde valor y precio.
Ni camino sin atajo ni campana sin badajo.
Juez que admite regalos, llevarlo a palo.
El joven busca la felicidad en lo imprevisto, el viejo en la costumbre
A quien habla a tus espaldas, el trasero le responde.
La soga, tras el caldero.
Hasta los animales cuidan sus crías.
Menos idea que Geral pasando música.
Al que trabaja y anda desnudo, ajo y vino puro.
El tonto ni de Dios goza.