Alguien se puede salvar de un rayo; pero de la raya no.
Rebuznos de asno no llegan al cielo.
¿Qué necesidad hay de dar los cuartos al pregonero?.
Voy a ir hacer un mandado.
Al medico, al confesor y al letrado, hablarle claro.
Se debe desconfiar de un mal libro como de una seroiente, que temprano o tarde da muerte a los que se distraen en ella.
Criado murmurador, es cuchillo del señor.
Quien poco tiene, pronto lo gasta.
Arremangóse mi nuera, y volcó en el fuego la caldera.
El mundo está vuelto al revés
Callando el necio, se hace discreto.
El mejor escribano echa un borrón.
El que de la ira se deja vencer, se expone a perder.
Variante: Acuérdate, nuera, que serás suegra.
De padre carpintero, hijo zoquete.
El maestro Quiñones, que no sabe para él, y ya quiere dar lecciones.
Las palabras se las lleva el viento, hasta que te las recuerdan por cientos.
¿Quérellas?. Huye de ellas.
Pueblos vecinos, mal avenidos.
Verifica siete veces antes de cuestionar a una persona.
Antes de acabar, nadie se debe alabar.
Por andar recosechando otras milpas, cosechan las tuyas.
En calma el mar no creas, por sereno que lo veas.
El Abad debe cantar, y el acólito acompañar.
Hacer de una pulga un elefante.
A las veces, do cazar pensamos, cazados quedamos.
El rayo y la maldición dejan sana la ropa y queman el corazón.
Una vez un papel rompí y cien veces me arrepentí.
Aquí no hay más cera que la que arde.
Saber por solo saber, cosa vana viene a ser; saber para ser mejor, eso es digno de loor.
Cuando Junio llega, prepara la hoz y limpia la era.
Recibir mal por bien, todos los días se ve.
Hombre de dos caras, arredro vaya.
Haciendo se aprende a hacer.
Adelante con los faroles.
A la vejez, viruelas.
Madruga y verás; busca y hallarás.
Mala señal de amor, huir y volver la cara.
El carbón que ha sido lumbre, con facilidad se enciende.
El que espera desespera.
El que perdona un engaño, merece ir a un rebaño.
A la moza y a la parra, álzala la falda.
No conviertas en amigo al que has vencido
Quiere como si hubieras de aborrecer y aborrece como si hubieras de querer.
Pronto y bien no hay quien.
Añorar el pasado es correr tras el viento.
En viniendo el perdigón pierde la trucha sazón.
Quien guiña el ojo con malicia provoca pesar; el necio y rezongón va camino al desastre.
Jarrito nuevo, ¿dónde te pondré?; jarrito viejo, ¿dónde te botaré?.
El primer deber del amor es escuchar.