Acabada la misa, se parten las obladas.
Por San Mateo, la vendimia arreo.
Dos veces olla al día, el caldo amargaría.
Muchas buenas sopas se hacen en ollas viejas.
La lengua es el azote del culo.
Los pesares envenenan la sangre.
Dame aficionado al juego y yo te daré borracho y mujeriego.
Machacando, machacando, el herrero va afinando.
Si llueve en Febrero, en todo el año hay tempero.
El mendigo pide pan, pero come carne si se la dan.
Feliz es aquel que aprieta sobre su pecho por una noche o por un año, a una amiga con la faz de luna
Si no puede edificar una casa, construye un corazón.
Juego de manos es de villanos.
Quede al revés o al derecho, lo que se hizo ya está hecho.
Bueno es dar, y sin embargo, no conviene ser muy largo.
No hay caldo que no se enfríe.
Bestia alegre, echada pace.
El pobre y el cardenal, todos mueren por igual.
Un día es un día, y una paliza es un rato.
No hay tal reja como el culo de la oveja.
Cuando el verano es invierno, y el invierno verano, nunca es buen año.
Al hombre deshonesto le es útil el azar
De la buena hierba me libre Dios, que de la mala me libro yo.
No por ponerse a rezar, deja el cielo de tronar.
Cada persona es dueña de su silencio y esclavo de su palabra.
Como la fortuna es ciega, dalo al primero con quien se tropieza.
Si quieres empobrecer sin sentir, mete obreros y échate a dormir.
Amigos y compadres búscalos entre tus iguales.
No es para cualquier chiflar a caballo.
En la aldea, no hay melón malo ni mujer fea.
Cuando el sol se pone rojo es que tiene agua en el ojo.
Si la catedral es grande, no tienes que santiguarte todo el día.
Cada necio quiere dar su consejo.
Más vale cobarde vivo que valiente muerto.
El sastre de fama, conoce la trama.
A grandes males, grandes enfermos.
Caballo chiquillo, siempre potrillo, caballo grande aunque no ande.
Para que nazcan virtudes es necesario sembrar recompensas.
Mujer hermosa nunca es pobre, y si lo es, es que es tonto.
Ratones, arriba, que no todo lo blanco es harina.
Este se mete como Juan por su casa.
Hasta para encender lumbre hay que tener costumbre.
Cuando otro sufre, es madera que sufre.
Al que de ajeno se viste, en la calle lo desnudan.
Barriga llena, no cree en hambre ajena.
A fuerza de probaturas perdió el virgo la Juana.
Mientras mis mentiras cuento, no me parece que miento.
El paraíso está en el regazo de una madre.
Al pesar por el bien ajeno, llaman envidia y es veneno.
La felicidad es una recompensa que llega a quien no la busca