Ajo cebollino, para con vino.
No escupas contra el viento.
Sobre la marcha, ¡rompan filas! (Durante el periodo del cuartel de instrucción en España).
Quien no da aquello que ama, no recibe lo que ansía
A la que da con mal marido, se le va lo comido por lo servido.
Para todo perdido, algo agarrado.
Al romero que se le seca el pan en el zurrón, no le tengas compasión.
Cuando la mula dice no paso y la mujer dice me caso, es más fácil que la mula pase a que la mujer no se case.
Si no tapas los agujeros, tendrás que reconstruir las paredes.
Amor y guerra tienen batallas y sorpresas.
El que al asno alaba, tal hijo le nazca.
Amigos y mulas fallecen en las duras.
¿Por qué usar veneno si puedes matar con miel?
El que con leche se quema, hasta al jocoque le sopla.
De copiosas cenas están muchas sepulturas llenas; pero de no cenar, muchas más.
A veces se llora de alegría.
El muerto es del mar cuando la tierra lejos está.
Las leyes van, a donde quieren los reyes.
La sal no dice de sí misma que es salada.
Recoge tus gallinas que voy a soltar mi gallo.
Cuando se cierra una puerta, otra se abre.
Quien lo hereda no lo hurta.
Costal vacío mal se tiene y costal lleno mal se dobla.
Hijos tienes, nueras tendrás, cuando te descuides en la calle te verás.
A los tuyos, con razón o sin ella.
Con razón decía Serafín, que el trabajo no tiene fin.
En enero, ni galgo lebrero ni halcón perdiguero.
El que come y deja, dos veces pone la mesa.
Deja al maestro, aunque sea un burro.
Hay mejores peces en el mar de los que se hayan podido pescar hasta ahora.
Niebla en la mañana, tarde muy galana.
El barro se endurece al fuego, el oro se ablanda.
Mal se conforma con el viejo la moza.
El miedo no anda en burro.
Quien no conoce de abuela, no sabe cosa buena.
La ira de los que aman, en hacerse caricias para.
No vayas de romería, que te pese al otro día.
El que da todo lo que tiene en cueros se queda y nadie lo quiere.
Gracias que hacen pero no la ven.
El que nada debe nada teme.
Vejez y hermosura nunca se vieron juntas.
Hay que arar con los bueyes que se tenga.
Chico pueblo, grande infierno.
De Gumiel de Izán, ni hombres ni pan.
Las palabras son femeninas, y los hechos son machos.
Mujeres y almendras, las que no suenan.
Zaragoza la harta, Valencia la bella, Barcelona la rica, Huesca la amena.
Cada uno con su humo.
Hace más el que quiere que el que puede.
¡Palabra!, dijo la loba a la cabra.