Cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana.
Mal se aviene el Don con el Turulaque.
En Febrero, un día al sol y otro al brasero.
Parecerse como un huevo a una castaña.
Cuando la mula ríe, el asno llora.
Llevar bien puestos los calzones.
Comer se ha de hacer en silencio, como los frailes en sus conventos.
Buscaba el necio su asno y lo llevaba debajo.
No hay quien escupa al cielo que a la cara no le caiga.
En la felicidad, el corazón se funde como la nieve en primavera
El amor es como los pasteles, que recalentados no sirven.
El hombre es un animal de costumbre.
Bien reza, pero mal ofrece.
Quien se quemare, que sople.
No te fíes de mujer, ni de mula de alquiler.
Vino y mujeres, dan más pesares que placeres.
Un centímetro delante nuestro es completa oscuridad.
El que cree en espantos, hasta de la camisa se asusta.
Ladran, pues cabalgo.
La vida es la novia de la muerte.
La mujer es gente en la letrina.
Agárrate, que hay curvas.
La oración de los rectos en su gozo.
La iglesia a diez pasos y a doscientos la taberna, más cerca está la taberna que la iglesia.
Oigo y olvido; veo y recuerdo. Hago y comprendo.
El zumo de una mora, con otra verde se quita.
Muerto está el ausente, y vivo el presente.
La paja solamente se ve en el ojo ajeno.
Ordena cada día como si fuera el postrero de tu vida.
La fortuna al temeroso desprecia y al osado ayuda.
El movimiento vence al frío, la inmovilidad vence al calor
Cuando árbol cae, los monos se dispersan.
Juan de las Bragas, si no quieres que te lo digan, no las hagas.
Lo que se pierde a la salida del sol se recupera a su puesta.
El camino hacia el cielo pasa por una tetera.
Unos llevan la fama y otros cardan la lana.
Cada panadero blasona de sus panes.
Vida que es una mierda poco importa que se pierda.
Bofetón amagado, nunca bien dado.
Dan el ala para comerse la pechuga.
Fortuna y aceituna, a veces mucha y a veces ninguna.
La cortesía de un solo lado no puede durar mucho tiempo.
El que a las once no ha “bebío”, viene el Diablo y le dice: “Esto es mío.”.
Si deseas ser feliz, tienes que desear ver a otros felices también.
A cada renacuajo dio Dios su cuajo.
Empieza la tarea y luego termínala.
Viste a la escoba y parecerá señora.
Los que abren la boca son los que menos abren el corazón.
La suerte está echada.
Hasta el "vivo" más ufano, cae a veces de marrano.