No desprecies el consejo de los sabios y los viejos.
Se puede juzgar a un hombre por su nación, pero no a una nación por un hombre.
De pico tenía mi abuelo un jarro, se cayó y se quedó chato.
El sabio habla de las ideas, el inteligente de los hechos, el vulgar de lo que come.
No te fíes de la muchacha de la taberna ni del cielo estrellado de Diciembre.
Avellanas con Montilla, almendritas con Jerez, nuececitas con Moriles, y en mi mesa pon los tres.
Dichas y quebrantos nos vienen de lo alto.
Cada día trae su propio afán.
La mariposa al posarse sobre la rama teme romperla.
Ni pidas a mujer hermosa, y prometas a pobre, ni debas a rico.
Con vergüenza, ni se come ni se almuerza.
Las ofensas se escriben en el mármol, los beneficios sobre la arena.
El burro al ratón le llamó orejón.
Ni son todos los que están, ni están todos los que son.
Cría buena fama y échate a dormir; críala mala y échate a morir.
Años nones son los peores.
No te fíes de quien de ti desconfíe.
No fío, porque pierdo lo mío.
Por lo estrecho se va al cielo, y por lo ancho al infierno.
Como te presentes, así te mirara la gente.
Un copo de nieve no puede existir en una tempestad del fuego.
Ata bien y siega bajo, aunque te cueste trabajo.
Recordar es desandar, y lo que antes se vivió, volverlo a contemplar.
Antes de criticar a alguien asegúrate de que no tengas tú la nariz tapada de tsampa.
Antes de casarte abre bien los ojos, después cierra uno.
No hay linaje sin putas ni muladar sin pulgas.
El hombre pone y la mujer dispone.
Cuando nos encontramos con la felicidad, no lleva nunca la ropa que habíamos imaginado
No da quien tiene, sino quien quiere.
Es como llevar leña para el monte.
Que uno fume y otro escupa, no es cosa justa.
La mucha tristeza sueño acarrea.
El que con niños se acuesta, cagado se levanta.
El calibre de un hombre se mide por la cantidad de sus enemigos.
Ir por los extremos no es de discretos.
Genio y figura hasta la sepultura.
Cinta, mujer y cama, fácilmente se hallan.
Nazca mi hijo varón, aunque sea ladrón.
El cebo es el que engaña, que no el pescador ni la caña.
Al erizo, Dios le hizo.
Donde se pace, que no donde se nace.
Las tormentas de San Juan quitan vino y no dan pan.
si bebes el agua, sigue la costumbre.
El relajo es dulce después del trabajo.
Una esquela de defunción es de mentiras un montón.
Un maravedí sobre otro llegan a comprar potro.
Ojo al parche.
Qué bien se trilla fuera de la parva.
La remilgada de Jurquillo, que lavaba los huevos para freírlos.
El hambre tira, y el orgullo me levanta.