Bien te quiero y mal te hiero.
Padre millonario y trabajador, hijo vago y malgastador.
Lo que con ansia se alcanza, a la larga, también cansa.
Que largos son los años en la niñez y como se acortan en la vejez.
La vista del hacendado, hace engordar al ganado.
Lo bueno aborrece y lo malo apetece.
Imaginación suelta, en un instante anda mil leguas.
El que con muchachos se acuesta, amanece hecho fiesta.
Ve tu camino para no tropezar.
Casa vieja de madera, pronto arde entera.
Cuando estés entre tontos, hazte el tonto.
Boca de fraile, solo al pedir la abre.
Junto a santo que no suda, el sacristán estornuda.
No hay cosa que no tenga su contra.
El que no chilla, no mama.
Con dinero baila el perro, y con un poco más hasta el dueño.
Creer a pie juntillas.
Limando se consigue de una piedra una aguja
Conejo, perdiz o pato, venga al plato.
Gente castellana, gente sana.
En pocos miles, pocos cientos.
Apenas es gato y ya anda en el tejado.
En apagando el candil, guapas y feas van por el mismo carril.
Es un buen criado el que no habla sin ser preguntado.
No querer queso, sino salir de la ratonera.
Jugar y pasear solo por recrear.
A la mesa y a la cama, solo se llama una vez.
Hablar poco y mal, es mucho hablar.
Cielo aborregado, suelo mojado.
Burro empinado, por hombres es contado.
Si la habilidad podría ser ganada mirando, perros serian carniceros.
Sospechar y temer, enemigos del placer.
Año tuero, vaca y muerto.
El árbol que no da frutos, da leña.
De esa manera, mi abuela.
Las gotas de lluvia eran tan grandes como ubre de vaca.
La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo.
Años y desengaños hacen a los hombres huraños.
Quien bien siembra, bien coge.
El ídolo adulado pronto ennegrece
No aceptes soborno del poderoso ni oprimas al desheredado.
Gran mal padece quien amores atiende.
El que juega con el tabernero o está loco o le sobra el dinero.
Levantar la liebre para que otro la mate es disparate.
El malo siempre piensa engaño.
En aguas de extrema limpidez no puede haber peces, y hombre extremadamente exigente no puede tener compañeros.
Cuando la olla hirbiendo se desborda, ella misma se calma.
Maldición de puta vieja, por do sale por allí entra.
Cada día es maestro del anterior y discípulo del siguiente.
De arriero a arriero no pasa dinero.