Quien tenga coraje, que no se rebaje.
Dinero guardado, barco amarrado.
Carta cortés, cada dos renglones, mentiras tres.
No hay mejor ciencia que paciencia y penitencia.
El que a los veinte no es valiente, a los treinta no es casado, y a los cuarenta no es rico, es gallo que clavó el pico.
Quien siempre adula se quema las mangas
Cuando hay lealtad y franqueza, las cartas sobre la mesa.
Nadie tropieza mientras está acostado en la cama.
Para vivir una vida desprendida, no debemos considerar nada como de nuestra propiedad.
Si se ama una cosa y se la ve con los ojos del corazón, se olvidará su fealdad
Solo los necios y los tontos tiran piedras a su propio tejado.
Aquel cuya sonrisa le embellece es bueno; aquel cuya sonrisa le desfigura es malo.
Ni fíes, ni porfíes, ni arriendes y vivirás bien entre las gentes.
Los años son escobas que nos van barriendo hacia la fosa.
Con meros consejos, no se va muy lejos.
Como quitarle el poto a la jeringa.
Riñen las comadres y dícense las verdades.
Cierre la boca que se le entra una mosca.
Tu eres tu propia barrera; sáltala desde dentro
El oro legítimo no teme al fuego.
Hay tanto de bueno en el peor y tanto de malo en el mejor que es absurdo condenar a nadie.
Confianza en Dios, y poquita, decía una viejita.
El futuro brota del presente, que tiene su semilla en el pasado.
Las calamidades son la piedra de toque de un hombre valeroso.
Ni al jugador que jugar, ni al gastador que gastar, ni al avaro que guardar.
La lengua de las mujeres es su espada, y, por cierto, nunca la dejan enmohecerse.
Lleva con ánimo igual lo que es bien y lo que es mal.
La paciencia, en los trabajos se prueba.
Murmura la vecina de la casa ajena, y no murmura de la suya que se le quema.
Madre acuciosa, hija vagarosa.
Cojo, y no de espina, no hay ruindad que no imagina.
Cuando una puerta se cierra, otra suele abrir la fortuna.
Guárdate de falsa vieja y de risa de mal vecino.
Vivir es morir lentamente.
Desventuras y penas, a nadie le importan las ajenas.
No hay como la casa de uno
Las manos en la rueca, y los ojos en la puerta.
No puede impedirse el viento. Pero pueden construirse molinos.
Si quieres que te aprecien, muere durante un viaje.
Hombre prevenido, nunca fue vencido.
No cuentes dinero delante de los pobres.
Deja lo afanado y toma lo descansado.
Siempre es pobre el codicioso.
Le dijo la rana al pez: "no me pillarás otra vez".
Piensa con menos emociones y vivirás largos días.
El día que hayais envenenado el último río, abatido el último árbol, y asesinado el último animal, os dareis cuenta que el dinero no se puede comer.
Lo que en la bonita es gracia, en la fea es desgracia.
Cazador y cazado confían en Dios.
Habrá quien te dé, pero no quien te ruegue.
Hable bien el que sabe, y el que no, echase la llave.