Frente al ahorcado, no se mencione lazo.
Amor y guerra tienen batallas y sorpresas.
Juez mal informado, fallo desacertado.
En arca de avariento, el diablo yace dentro.
Llave puesta, puerta abierta.
No alabes ni desalabes hasta siete Navidades.
El que coge el mal por su mano, que vaya al infierno a quejarse.
El mal encantador con la mano ajena saca la culebra.
No se puede estar al plato y a las tajadas.
Ausentarse y morirse, todo es irse.
Racimo corto, vendimia larga.
Mas hechos y menos golpes de pecho.
Con el buen sol, saca los cuernos el caracol.
Entre suegra y cuñado, sale el nieto abogado.
Al que come bien el pan, es pecado darle carne.
Ávila, santos y cantos.
Haz aquello que quieras haber hecho cuando mueras.
Lo que está por pasar pasará.
De las carnes, el carnero; de los pescados, el mero.
No hay caldo que no se enfríe.
El año que viene de suerte, la mujer pare los hijos de otro.
Después de beber cada cual dice su parecer.
Al hombre duro, lanza en mano y vino puro.
¡Periquillo con mando!, ya estoy temblando.
La muerte es imprevisible.
El ave de rama en rama, y el numérito a la cama.
Mucho gana quien no Juega.
El que no tiene cabeza, tiene lomo.
Cuando hago la escobada, nadie entra en mi morada.
Jornada emprendida, medio concluida.
¿Adónde vas, mal?. Adonde hay más.
La bonita hace dinero, con solo mostrar el cuero.
Otoñada de San Mateo, puerca vendimia y gordos borregos.
Quien halla a tiempo la sisa, no se queda sin camisa.
Ahí lo tienes, si te condenas, que te condenes.
Carnero, comer de caballero.
Niño quieto y callado, es que hace algo malo.
Gota a gota, el agua es broca, que al fin horada la roca.
Hablar en plata blanca.
Prefiero vestir santos que desvestir borrachos.
A la hembra desamorada, a la adelfa le sepa el agua.
Ni en invierno ni en verano, dejes la manta en casa del amo.
Cuando el ventero está en la puerta, el diablo está en la venta.
Cuando llueve y hace sol, coge caracol.
No hay peor ladrón que el de tu misma mansión.
No sabe lo que es descanso quien no sabe lo que es trabajo.
Cuernos que no ves, corazón que no siente.
Eso es meterse en camisa de once varas.
El vergonzoso se muere de hambre entre dos panes.
El corazón triste, riendo muere y llorando vive.