Poco dura la alegría en la casa del pobre.
Alábate, mierda, que el río te lleva.
Campo florido, campo perdido.
Los hijos de Mari-Rabadilla, Cada cual con su escudilla.
Médico y confesor, cuanto más tarde mejor.
Mejor es resignarse que lamentarse.
En cada pago, su viña, y en cada barrio, su tía.
Freno y espuela es buena escuela.
Al amanecer resbalos, y al anochecer charquies.
El que nada tiene, nada vale.
El asno del gitano, en viendo el palo alarga el paso.
Por oír misa y dar cebada no se pierde jornada.
Mientras mis mentiras cuento, no me parece que miento.
A la gallina y a la mujer, le sobran nidos donde poner.
Niña, no te desesperes, que el que ha de ser para tu, ni se casa ni se muere.
De casa del abad, comer y llevar.
Amigo leal y franco, mirlo blanco.
Mal haya el vientre que del bien recibido no le viene miente.
Agua que va río abajo, arriba no ha de volver.
Apunta y da y la cuenta te saldrá; da y apunta, y no te saldrá nunca.
Tal hora el corazón brama, aunque la lengua calla.
La Justicia entra por casa.
Es mejor un buen rumor que una mala noticia.
La zamarra mala, adentro la lana, y la buena, carnaza afuera.
Cuando hay poco grano en el granero, mala cosa para el gallinero.
En tu casa no tienes sardina y en la ajena pides gallina.
Un jesuita y una suegra saben más que una culebra.
De cuentos suele irse a chismes.
Fiar de Dios el alma, más no la capa.
No hables mal de las mujeres si en tu casa mujer tienes.
Espera lo mejor, pero prepárate para lo peor.
Quien mea y no pee, es como quien va a la escuela y no lee.
Si las vides lloran debemos beber sus lágrimas.
Tu secreto debe pasar a ser parte de tu sangre.
Ni calabaza sin tapón, ni mujer sin quita y pon.
A flores nuevas, afeite perdido.
Con dote de mujer pocos llegaron a enriquecer, y muchos a envilecer.
Con pan, vino y carne de cochino, se pasa bien el mal camino.
A la mujer fea, el oro la hermosea.
Buena razón quita cuestión.
Mujer, viento y ventura, pronto se mudan.
Quien pide para candela, no se acuesta sin cena.
La mula reparando y le avientas el sombrero.
Oír como quien oye llover.
Más de uno hubiera sido peor, si su fortuna fuera mejor.
La mujer del viejo, relumbra como el espejo.
Nace en la huerta lo que no siembra el hortelano.
Gala sin oro, aunque cueste mucho, luce poco.
A la suegra hay que sufrirla, como a la muela picada.
El viento y la marea no esperan a nadie.