Ay del que muere, que el vivo enseguida se apaña con lo que puede.
Habla poco, anda grave y parecerá que sabes.
A fuer de Portugal: dos animales sobre un animal.
La naturaleza, el tiempo y la paciencia son los tres grandes médicos.
Cabra por viña, peor es que tiña.
Oye los consejos de todo el mundo, y sigue el tuyo.
Julio, lo verde y lo maduro.
Junta de rabadanes, oveja muerta.
La crianza aleja la labranza.
Ijurra, ¡no hay que apurar la burra!.
Barba espesa, honra, barba rala, deshonra.
Lo que me debe Juan no me lo puede pagar; pero si se muriera, menos pudiera.
Lo que con tus padres hagas, con tus hijos lo pagas.
Írsele a uno el santo al cielo.
Entre hoz y vencejo muere la mujer y huye el mancebo.
En el libro de la vida, lo aprendido no se olvida.
Casa y potro, que lo haga otro.
No hay peor cuña que la del mismo palo.
La avaricia, lo mismo que la prodigalidad, reducen a un hombre al último mendrugo.
La mujer con su marido, en el campo tiene abrigo.
Mas vale paso que dure, que trote que canse.
Niebla en la Montaña, labrador a tu cabaña.
Casada que va a fiestas, cuernos en cestas.
Más vale llorarlas muertas que no en ajeno poder.
Amor y vino, sin desatino.
Lo que hoy parece, mañana perece.
Mirad vuestros duelos y dejad los ajenos.
La muerte todas las cosas iguala.
Mozo sermonero o no tiene novia o no tiene dinero.
La mujer, el huerto y el molino, requieren uso continuo.
La astucia del que no tiene astucia es la paciencia.
Al comer de las morcillas, ríen la madre y las hijas y al pagar, todos a llorar.
Cuando la gallina espanta al gallo, señal de mal año.
El que con locura nace, con ella yace.
A veces perdiendo se gana.
Fianza y tutela, véalas yo en casa ajena.
Donde el necio se arruinó, el cuerdo prosperó.
El ladrón juzga por su condición.
Cuando el vil está rico, no tiene pariente.
Mercader y puerco, quiérolos muertos.
El hable es plata, el silencio es oro.
No duerma tranquilo quien debe; que no hay plazo que no llegue.
Pan de ayer, vino de antaño y carne manida dan al hombre la vida.
La viña y el potro, criélos otro.
Alábate, Pedro; alábate, Juan; que si no la haces tú, nadie lo hará.
El hombre al mendrugo, y el buey al yugo.
Cuando el hombre está de malas, su mujer pare de otro y el hijo se le parece.
El que tonto se fue a la guerra, tonto volvió de ella.
En la casa donde no hay gobierno, a pellizcos se va un pan tierno.
Más necio es que necio el necio que quiere pasar por sabio.