La mujer y el sacristán, de la tierra sacan el manjar.
Puerta de villa, puerta de vida.
Las estaciones son como una lima que trabaja sin ruido
¿Adónde irá el buey que no are?.
Buen alzado pone en su seno, quien escarmienta en mal ajeno.
Zorros en zorrera, el humo los echa afuera.
Todo mal nace de la ociosidad, cuyo remedio es la ocupación honesta y continua.
Variante: El perro del hortelano, ni come, ni deja comer a su amo.
Si de la tierra naciste y a la tierra has de volver, ese orgullo, ¿por qué?
Una gran ciudad es un gran desierto.
En tierra de abrojos, abre los ojos.
Beber por jarra penada, no me agrada.
Un mal pequeño es un gran bien.
Variante: En Febrero, pon obrero, mejor a finales que a primeros.
La puerta de Dios siempre está de par en par.
Más vale perder un minuto en la vida que la vida en un minuto.
El agua para un susto y el vino para un gusto.
La ingratitud embota la virtud.
Ningún hombre vale más que otro si no hace más que otro
Cuando el sol no asoma en casa, el doctor viene a la casa.
La suerte del gavilán, no es la misma del garrapatero.
Adonde quiera que fueres, ten de tu parte a las mujeres.
Recogemos solo la felicidad que hemos dado a manos llenas, sin pedir nada a cambio
Cuando la borrica quiere correr, ni el borrico la puede detener.
Rubias y morenas, sacan a un hombre de penas.
Hombres de noche, muñecos de día.
Después de comer, ni vino, ni mujer.
El matrimonio está como un cacahuete, hay que romper la cáscara para ver lo que hay dentro.
A veces se llora de alegría.
Mujer hermosa, mujer vanidosa.
La mujer decente, sufre más que se divierte.
El hombre que desea estar tranquilo ha de ser sordo, mudo y ciego.
El que perdona un engaño, merece ir a un rebaño.
Oír, ver y callar, para en paz estar.
Aun si el camino es conocido, pregunta.
Sol madrugador y cura callejero, ni el sol calentará mucho ni el cura será bueno.
El que se va sin que le echen, vuelve sin que le llamen.
Cuando tu ibas, yo venia.
Dar a un hijo mil onzas de oro no es comparable a enseñarle un buen oficio.
El trabajo del niño es poco, y el que lo desprecia un loco.
Da voces al lobo, respóndete el eco.
Si volaran los necios, no veríamos el cielo.
La lluvia viene después de los bosques.
Sementera temprana, de cien una vana.
Fue puta la madre y basta; la hija saldrá a la casta.
Callando el necio, se hace discreto.
Ya no soy quien solía ser.
Si te fuiste, haz cuenta de que moriste.
Cuando un sábado al anochecer veas nubes pardas, al otro día domingo.
En lugar de señorío, no hagas tu nido.