Lo que para unos es triaca, para otros es caca.
¡Oh!, Virgen del buen consejo, ayúdale al más pendejo.
Vino y pan andar te harán.
Con uno solo de sus cabellos una mujer puede arrastrar un elefante.
En chica cabeza caben grandes ideas.
Boca sin muelas, molino sin piedras.
No quiere música Roque, ni hay tampoco quien la toque.
Con mucho porfiar, se pierde la verdad.
Quien escucha, su mal oye.
De soltera, fina y curiosa, de casada, gorda y asquerosa.
Lo que sea que suene.
Amistad de juerga no dura nada.
Quien no hace nada cuando puede, tampoco lo hace cuando quiere.
Si quiere hacer las cosas mal, hazlas deprisa.
En San Antonio todo puerco es bueno.
Más peligroso que una puñalada al hígado.
Juventud licenciosa, vejez penosa.
A padre avaro, hijo pródigo.
La casa es necesaria, para el rico y para el paria.
Fiate de Dios y no corras.
El dinero es bueno para siervo, malo para dueño.
Soldado muerto, otro en su puesto.
Todo lo que vivimos es digno de ser vivido.
Recoge la memoria nueva lo que no ha podido quitar la vieja.
Dolor de viuda, bien poco dura.
Carne en calceta, para quien la meta.
El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.
A la galga y a la mujer, no la des la carne a ver.
Vida que es una mierda poco importa que se pierda.
El vino comerlo, y no beberlo.
Nadie está contento con su suerte.
Quién quiere, podrá otro día si hoy no puede.
El que no tiene cabeza, tiene que tener pies.
El trabajo ennoblece.
El que demonios da, diablos recibe.
La del sastre de Campillo, que cosía de balde y ponía el hilo.
Hortelano tonto, patata gorda.
En Gumiel de Izán, tan malo es el hombre como el pan.
Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer.
El corazón que ama es siempre joven.
Entiende bien la dicción, antes de armar discusión.
Después de lo hecho, todos dan consejo.
Habla poco y bien, tenerte han por alguien.
Quien a otra ha de decir puta, ha de ser ella muy buena mujer.
En Abril y Mayo, haz harina para todo el año.
Dale al tonto una cuerda, y ahorcarse ha con ella.
Ajo dulce no hay.
Para saber, has de leer.
Enfrenta la lengua; considera y rumia las palabras antes de que salgan de la boca.
Lo que se consigue en la niñez, crece y agrada después.