La amistad es como la piel seca de la banana: si se tira de ella se rompe, si se hace lo contrario las fibras se separan
Tendrán que pasar hambre en la época fría los que no trabajen en la caliente.
Obra acabada, maestro al pozo.
Que me siembres en Marzo, que me siembres en Abril, hasta Mayo no he de salir.
Animales ingratos: las mujeres y los gatos.
Árbol que fruto no da, solo es bueno para el llorar.
Una casa sin amor es como una chimenea sin fuego, una casa sin la voz de un niño es como un jardín sin flores, la boca de la mujer amada sin la sonrisa es como una lámpara sin luz
Una hierba es una planta cuyas virtudes esperan para ser descubiertas.
Un hombre ocioso es compañero de juegos del diablo.
Perder es mucho ganar, si no has de volver a jugar.
Por males de nervios nunca se tocó a muerto.
Cuando como, no conozco; cuando acabo de comer, empiezo a conocer.
Lo que los ojos no ven, el corazón no lo desea.
El que tiene tierra, tiene guerra.
El que tenga hacienda, que la atienda o que la venda.
Calentar el horno para que cueza otro, es de hombre bobo.
¿Quién te metió por puerta de tu enemigo?. Hambre y frío.
No da quien tiene, sino quien quiere.
La oración de los rectos en su gozo.
Calle mojada, caja cerrada.
Donde no hay ventura, poco sirve la cordura.
Cabeza grande, talento chico.
Un ángel para prestar y un diablo para cobrar.
Al amo que honra, el criado bien le sirve.
Bien vengas, mal, si vienes solo.
Niebla en verano, norte en la mano.
A las balas no hay que tenerles miedo; hay que tener miedo a la velocidad con la que vienen.
Ni amigo jugador, ni tahúr mal bebedor.
A la mujer y al caballo no hay que prestarlos.
Hombre sin dinero, lobo sin dientes.
El diablo no es nunca tan feo como lo pintan
Oír, ver y callar, para en paz estar.
De todos olvidado, muerto y no enterrado.
El caballo que es rotón, y el jinete que le hace daño.
Ocasion perdida, no vuelve más en la vida.
Si quieres tener dinero, quédate siempre soltero.
Por falta de un amén, que no se pierda un alma.
Por San Mateo, la vendimia arreo.
Iráse lo amado y quedará lo descolorado.
Paga el puerco lo que hizo el perro.
La mula arisca a la larga, se va enseñando a la carga.
Solo una puerta no abre el martillo de oro: la puerta del cielo.
Ni quito ni pongo rey.
No por ponerse a rezar, deja el cielo de tronar.
Reunión de pastores, oveja muerta.
Ni cuatro caballos galopando pueden recuperar la palabra empeñada.
Son como dos jueyes en la misma cueva.
Vicio por natura, hasta la muerte dura.
La cuestión no es llegar, sino quedarse.
Junto al camino, no pasa de agraz el racimo.