Una cabra no puede llevar la cola de otra cabra.
Más que fuerza vale maña, que el ingenio nunca engaña.
Díjome mi madre que porfiase, pero que no apostase.
Ninguno se alabe de hacer lo que no sabe.
La lengua de las mujeres es su espada, y, por cierto, nunca la dejan enmohecerse.
La señora ostentación, echa la casa por el balcón.
Vale más una vieja que un pejeverde.
No se nace caballero: hay que saber serlo.
Cuando el león muere, encima le mean las liebres.
Una persona de gran sabiduría suele parecer torpe.
No es bello lo que es caro, sino caro lo que es bello.
El puerco y el noble, por la casta se conocen.
Si quieres que te aprecien, muere durante un viaje.
Ni te abatas por pobreza, ni te ensalces por riqueza.
El que tiene más galío, traga más pinol.
Las tres ges de quien sabe ser amo de su casa: ganar, gastar y guardar.
La marcha instruye al asno.
A misa temprano nunca va el amo.
El amigo se preocupa de tu cabeza, el enemigo de tus pies
El hombre sabio aprende a costa de los tontos.
Las palabras no tienen alas pero pueden volar miles de kilómetros
Montado sobre un tigre, difícilmente se puede bajar.
Ni a pícaro descalzo, ni a hombre callado, ni a mujer barbada les des posada.
Nuestro gozo en un pozo.
La hacienda bien ganada con afán se guarda.
Por tu ley, y por tu rey, y por tu grey, y por lo tuyo morirás.
Ruin consuelo el aplauso de los muchos.
Casa de esquina, para mi vecina.
Querer atar las lenguas de los maldicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.
El que pestañea pierde.
Es mejor compadecer que ser compadecidos
El que trabaja honrado, se vuelve jorobado.
Lo que se otorga a la amistad vuelve multiplicado
Santo Tomás, una y no más.
La mejor fraternidad es la desgracia.
El amor es ciego y el matrimonio devuelve la vista.
En los ojos del patrón, verás siempre la ambición.
A buen santo te encomiendas.
Recuerda, si hay tormenta habrá arco iris.
Mejor haber soplado con fuerza, que tener la boca quemada.
Cuando bebas agua, recuerda la fuente.
A ellas padre, vos a las berzas y yo a la carne.
La vida es una cebolla y hay que pelarla llorando.
El justo debe imitar al bosque de sándalo, que perfuma el hacha que lo lastima.
Reniego de quien en Dios no cree y lo va a decir en concejo.
A Dios de rodillas, al rey de pie, y al demonio en el canapé.
A los desgraciados les salen gusanos en la sal
Hazte la fama y échate a la cama.
El árbol no niega su sombra ni al leñador.
El tonto ni de Dios goza.