Quien ha de pasar la barca no cuenta jornada.
Pasa más hambre que un maestro de escuela.
Buena demanda o mala demanda, el escribano es mi banda.
El que en casarse acierta, en nada yerra.
Al mal año, entra nadando.
Bocado de mal pan, no lo comas ni lo des a tu can.
El melón, calado, y el amigo, bien probado.
¿Hambre tienes y pides limosna?. No te creo, que eres gorda.
Bueno es el vino, cuando es del fino.
La verdad es una, gústele a quien le guste o gústele a quien no le guste.
El que a cuchillo mata a cuchillo muere.
A donde te duele, ahí te daré.
De esa manera, mi abuela.
Boca con rodilla, y al rincón con almohadilla.
El mismo cuchillo me parte el pan y me corta el dedo.
Ni tan calvo ni con siete pelucas.
Da una sola campanada, pero que sea sonada.
Variedad es causa de amenidad.
Por San Pedro, saca el ajo y planta el puerro.
Buen año de miel, que van los zánganos a por agua.
Ante todo, mucha calma. (Siniestro Total).
Mucha manteca para freire un par de huevos.
Si no puedes lo que quieres, quiere lo que puedes.
La ropa sucia se debe lavar en casa.
Hay que engordar al cochino, para sacar buen tocino.
La mujer mala es como la falsa moneda que de mano en mano va y ninguno se la queda.
De un árbol, una rama y mejor desgajada.
Manda y descuida; no se hará cosa ninguna.
Un buen pedo puede hacer ruido largo tiempo.
Fácil es criticar y difícil obrar.
Para acertar mejor, echarlo a lo peor.
El día que no escobé, vino quien no pensé.
Me importa un bledo.
El gallo que ya no canta, está mal de la garganta.
Esta como las agujas pendiendo de un hilo.
Aguja calumbrienta, no estarás en mi herramienta.
A quien a soplos enfría la comida, todos le miran.
La primera mujer, escoba, y la segunda, señora.
Todo lo que se come, vino quiere; el agua, para las ranas y los peces.
La vida es un misterio, desvelalo.
Finca enconada, o meterle el arado o dejarla.
Hombre ocioso, hombre peligroso.
Cuerpo en la cama, sino duerme, descansa.
Ya los perros buscan sombra.
El que no tiene hijos, los educa bien.
Hacer un hueco para tapar otro.
Cuando te sientes a comer, los codos en la mesa no has de poner.
De ausente a muerto, no va un dedo.
No entres de golpe en casa ajena: llama a la puerta y espera.
Por donde entra la cabeza, todo el cuerpo entra.