El cuidado y la diligencia atraen la suerte.
Obediencia es noble ciencia.
Para el tiempo que me queda en el convento, me cago dentro.
Quedo como la teta de la vaca, ni en el cuero ni en la carne.
La viuda con otro amor, muy pronto se consuela.
Al confesor y al abogado, no les tengas engañados.
En Mayo regresa el rebaño.
Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo.
La burra no era arisca pero la hicieron.
Este si que se llevo el santo y hasta las limosnas.
Los pies del hortelano no echan a perder la huerta.
Donde está el rey, a cien leguas.
El que mucho habla, mucho yerra.
De baldón de señor, o de marido, nunca zaherido.
El que la deba, que la pague.
Quien guarda bien su dinero, no peca por cicatero.
Confiesa el delito el que huye del juicio.
Da un dátil al pobre y disfrutarás de su verdadero sabor
Por la muerte del asno nada pierde el lobo.
En el peligro se conoce al amigo.
Se cogen más moscas con una cuchara de miel que con veinte varriles de vinagre
A saya blanca, ribete negro.
Calvo vendrá que calvo me hará.
El maestro Quiñones, que no sabe para él, y ya quiere dar lecciones.
Rana que canta, señal de agua, la de su charca.
Tres sacos son necesarios para tratar con un abogado: un saco de papeles, un saco de paciencia y un saco de dinero.
Habló de putas "La Tacones".
El que me hace más bien de lo que suele, o engañado me ha o engañarme quiere.
El que come y canta, tiene los enemigos en la garganta.
La flor no se conserva roja cien días.
Por lo demás, paciencia y barajar.
A cada cañada le llega su añada.
Yegua que no has de montar, de tu paja ni catar.
Con palabras y más palabras no se llena la media fanega.
Dios es la medida de todas las cosas.
Desear lo mejor, recelar lo peor y tomar lo que viniere.
A gran cabeza, gran talento, si es que lo tiene dentro.
Sumisiones anticipadas, pretensión parecen.
Ni sirvas a quien sirvió, ni pidas a quien pidió.
Eso será, cuando los cerdos vuelen.
Casa, viña y potro, hágalo otro.
Quien en vida echa maldiciones, en la muerte no reza oraciones.
En casa de tu hermano eructa pollo aunque comas mierda.
El buen garbanzo y el buen ladrón de Fuentesauco son.
Un hombre con buen talento, vale por ciento.
Cuesta arriba o cuesta abajo, echa siempre por el atajo.
En bien cortar y en vino echar, bien veo quién me quiere bien y quién me quiere mal.
No hay cielo sin nubes, ni paraíso sin serpiente.
Las riquezas, como el estiércol, no sirven para nada hasta que se las esparce.
Quien bien hace a su enemigo, a Dios tendrá por amigo.