Con locos, niños y putas, no negocies ni discutas.
Entre santo y santa, cama doble y buena manta.
La sabiduría no se traspasa, se aprende.
Podrás cortar todas las flores, pero no podrás impedir la llegada de la primavera.
Es mejor callar y parecer idiota, que hablar y no dejar la menor duda.
Estás en la procesión y también quieres tocar las campanas.
Vaca de dos amos, ni da leche ni come grano.
La tristeza es como un vestido rasgado: hay que dejarlo en casa.
Cuando la zorra predica, no están seguros los pollos.
Mejor precavido, que arrepentido.
La lengua es el castigo del cuerpo.
Bien predica el ayunar el que acaba de almorzar.
El cestero que hace un cesto, hace ciento.
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
A quien gana buscaras, que quien pierde, él volverá.
Nadie diga: de esta agua no beberé, por turbia que esté.
Ignora al ignorante.
Lo que uno no quiere, el otro lo desea.
Amor con hambre, no dura.
Para ser sabio el amor no necesita ir a la universidad
Bendita la casa que a viejos sabe.
Al espantado, la sombra le basta.
Si amas algo, déjalo libre. Si regresa es tuyo.
Cuando la yegua no pasa y la mujer dice se casa, la yegua no pasa y la mujer se casa.
No hay dos sin tres.
Más labra el dueño mirando que diez yuntas arando.
Si no quieres que diga mal de tí no digas mal de mí.
Hijo ajeno, candela en el seno.
No hay pero que valga.
Cuanto más grande la cabeza, más fuerte la jaqueca.
Hija que casas, casa que abrasa.
Cuernos que no ves, corazón que no siente.
Hacienda, que tu amo te atienda, y si no que te venda.
Hay que arar con los bueyes que se tenga.
Hasta que a la meta no llegues, no te pongas los laureles. e Hasta que el cuerpo aguante.
La iglesia está cerca pero el camino es resbaloso; la taberna está lejos pero se puede andar con cuidado.
Las cosas se parecen a sus dueños.
Cielo estrellado, tiempo variado.
No puede el hombre huir la fortuna que le ha de venir.
De día beata, de noche gata.
¿Adónde vas, mal?. Adonde hay más.
Ir por lana y volver trasquilado.
Quien bueyes ha perdido, cencerros se le antojan.
Caída, casamiento y catarro, tres ces que mandan al viejo a mascar barro.
Al amanecer resbalos, y al anochecer charquies.
Cada abeja vive en su colmena y no se mete en la ajena.
Rencillas entre amantes, mayor amor que antes.
Un vecino cercano es mejor que un pariente lejano.
Adulador, engañador, y al cabo, traidor.
Haz como la campana, que tañe y calla.