El vencido, vencido, y el vencedor, perdido.
Nota: (Proviene de Diógenes de Sinope, también conocido como Diógenes el Cínico)
El que no ha visto que vea y el que ya vio que compare.
Señores lo dan y siervos lo lloran.
Piedra que rueda no hace montón.
Nunca viene una desgracia sola.
Juan de Aracema que no tenía palabra mala, ni obra buena.
El rico no pierde sino el alma, y las hijas de los pobres.
Existen 40 tipos de locura, y uno de sentido común.
Achaques el jueves, para no ayunar el viernes.
Ni boda sin canto, ni mortuorio sin llanto.
Los verdaderos amigos se conocen en la adversidad.
Más vale un hoy que diez mañanas.
Las mujeres donde están sobran, y donde no están faltan.
El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos.
A gusto de los cocineros comen los frailes.
El dinero del mezquino anda dos veces el camino.
De casa del abad, comer y llevar.
La sal no dice de sí misma que es salada.
Hay que predicar con el ejemplo.
Las sueños, sueños son.
En cada corral un solo gallo, y en cada casa un solo amo.
El sabio calla, el tonto otorga.
Cuando mi madre esta en misa, yo bailo en camisa.
Ni domes potro, ni tomes consejo de otro.
Quien cede el paso ensancha el camino.
Ortiga me quemó y mastranzo me sanó.
A tu mujer no la alabes, lo que vale tú lo sabes.
Donde una cabeza grana, otra es vana.
Las verdades de Perogrullo, que a la mano cerrada, llamaba puño.
Los nabos en adviento, y las cerezas en habiendo.
Necio es quien con necios anda.
Es posible soportar el arroz y el té frios, pero la mirada y las palabras frías son insoportables.
Olla que hierve arrebatada, olla malograda.
Con regla y compás, en tu casa vivirás; sin compás y sin regla, ni en tu casa ni fuera de ella.
Cuanto más se sabe, menos se asegura.
Nada sienta mejor al cuerpo que el crecimiento del espíritu.
De las mujeres bellas y de las flores de mayo se va la belleza en un día
El hombre necio, menosprecia a su madre.
Calvo, y no de tiña, tuerto, y no de nube, mala costumbre.
Te cierran una puerta y te abren diez.
Espera debajo al que está arriba, caerá.
Las manos en la rueca, y los ojos en la puerta.
Costumbres hacen leyes, que no los reyes.
Cuando el sabio llerra, el necio se alegra.
Una regla tiene el juego, para siempre ganar: no jugar.
Viudas, casadas y doncellas, buenas son todas ellas.
No te preocupes por no ser conocido. Preocúpate por ser digno de que se te conozca.
Aunque el asno vaya a la Meca no por eso es peregrino.
Cada puta hile y devane y el rufián que aspe.