Matar un tigre.
Para lo malo, de peña; para lo bueno, de cera.
El muerto a la sepultura y el vivo a la travesura.
Hay gente que le das la mano y te agarra el pie.
Hay de todo en la viña del Señor.
Poco y entre zarzas.
¿Cómo ha de actuar mi corazón? ¿Acaso en vano venimos a vivir, a brotar sobre la tierra?
La risa hace buena sangre
Del mal vino, buena borrachera.
La Ley del Talión, ojo por ojo y diente por diente.
Castañas, noces e viño, fan a ledicia de san Martiño.
Con pan y vino, se anda el camino.
La mucha alegría y la mucha tristeza, muerte acarrean.
Afanar y no ganar, doy al diablo tal afanar.
El que de ilusiones vive, de desengaños perece.
Si al construir se escuchara el consejo de todo el mundo, el techo nunca se llegaría a poner.
Un país con muchos arenques no necesita médico.
Vivimos entre dos nadas: nada al nacer y nada al morir.
Ir por lana y volver trasquilado.
Olla con gallina, la mejor medicina.
Hemos remado bien dice la pulga, cuando el pescador ataca.
Baños, hasta los cuarenta años.
El tabaco, el vino y la mujer, al hombre echan a perder.
El amor y el niño, donde les muestran cariño.
No conviertas en amigo al que has vencido
El vergonzoso se muere de hambre entre dos panes.
Cuando mi madre esta en misa, yo bailo en camisa.
Remendando y zurciendo, vamos viviendo.
Adiós las flores, yo con el aroma tengo.
Dios nos libre del día de las alabanzas.
A casa de tu tía, más no cada día.
El que a solas se ríe de sus picardías se acuerda.
Hombre amañado, para todo es apañado.
Gallo que canta al sol puesto, señal de muerto.
Nuestro amor es como la llovizna que cae quedamente, pero desborda el río.
Dos hijas y una madre, tres demonios para un padre.
Amor de gato se ve por el tejado.
Bocadito regular, que se pueda rodear.
Sacar lo que el negro en el sermón: los pies fríos y la cabeza caliente.
A refajo verde, ribete encarnado.
Quien no sabe de abuelo, no sabe de bueno.
De la vista nace el amor.
Dice Salomón: da vino a los que tienen amargo el corazón.
Esto son habas contadas.
Cortesía y bien hablar, cien puertas nos abrirán.
La vida no es senda de rosas.
Los nietos son hijos dos veces paridos.
Nunca olvides tu casa.
Lo estancado se pudre.
A la vuelta de la esquina, ¡adiós al amigo!