Hay más refranes que panes.
De tarde madrugar y tarde casar, arrepentirte has.
Las fiestas en donde estés, la Navidad en casa.
Las iras de los amantes suelen parar en maldiciones.
Dios castiga sin palo ni piedra
A ver a un velorio y a divertirse a un fandango
Los pensamientos de los amantes hablan en voz alta
Las felicidades que gustan no duran demasiado
Amor breve, suspiros largos
De pequeña pelea nace muy gran rencor.
Abranla piojos, que ai les va el peine.
Casado delgado y fraile tripón, ambos cumplen su obligación.
Donde comen dos comen tres.
Voy a por tabaco. (Cuando un marido se separaba de su mujer. Durante el franquismo; no estaba permitido el divorcio).
Ni compres mula coja pensando que ha de sanar, ni te cases con puta pensando que ha de cambiar.
Hacer de sierva y de señora es una vida desgraciada
Los señores hablan de cosas, los criados de personas.
Refranes viejos son verdaderos.
Entre mozas y mozos, pocos retozos.
Los muertos y las visitas a los tres días apestan.
Al borrico viejo la mayor carga y el peor aparejo.
Diez años la seguía y ella no lo sabía.
Lo que se pierde en una casa, se gana en otra.
A ira de Dios, no hay casa fuerte.
El beso lo inventó Dios y el diablo lo que viene en pos.
Vence en la mocedad los días buenos, y para la vejez quedan los duelos.
Nieve en Febrero, hasta la siega el tempero.
Un día con la suegra, un día de tinieblas.
Muchos componedores descomponen la novia.
Berza vuelta a calentar y mujer vuelta a casar, al diablo se le pueden dar.
Antes de contar, escribe, y antes de firmar, recibe.
Cuerpo harto, a Dios alaba.
En tus apuros y afanes, acude a los refranes.
A los 20 valiente, a los 30 casado, y a los 40 rico; si este dicho no se cumple, este gallo clavo el pico.
Tan bonita la dentadura y tan mala la pronunciación.
Aquí se rompió una tasa, cada quien se va a su casa.
Ni por casa ni por viña, cases con mujer mezquina.
Mucha flor en primavera, buen Otoño nos espera.
En Septiembre, el que no tenga ropa que tiemble.
Quien tiene mujer parlera, o castillo en la frontera, o viña en la carretera, no le puede faltar guerra.
Las lágrimas de una viuda rica se secan pronto.
El marido y la mujer deben ser como las manos y los ojos: cuando duele la mano, los ojos lloran, y cuando los ojos lloran las manos secan las lágrimas.
La mujer virtuosa, corona es de su marido.
Hombre refranero, hombre de poco dinero.
La casa ya labrada, la viña ya plantada y la suegra ya enterrada.
Mi mujer y yo éramos felices... hasta que nos conocimos.
¡Ay, caderas hartas de parir, y ninguna de mi marido malogrado!.
Del amor al odio, solo hay un paso.
Mejor que gruña el cochino que los hijos de tu vecino.
La culpa nació soltera, y nadie con ella se quiere casar.