A tuerto o a derecho, nuestra casa hasta el techo.
En corrillos de mucamas, se despelleja las damas.
El dinero es bueno para siervo, malo para dueño.
Bien hayan mis bienes, si remedian mis males.
Adiós señora alcaldesa, que me llevo el reloj y las pesas.
El agua hace sudar; el vino, cantar.
Al hombre ocupado le tienta un solo diablo; al ocioso una legión.
La niebla deja el tiempo que encuentra
Pan de días dos, vino de años tres, y Venus, cada mes.
Malos reyes, muchas leyes.
Cuerpo descansado, dinero vale.
El flojo y el mezquino recorren dos veces el camino.
No te ensañes con el vencido, pues puedes correr su suerte.
Caerle a uno la breva en la boca, no es suerte poca.
Cierre la boca que se le entra una mosca.
La abeja, unas flores escoge y otras deja.
Cuando la desgracia se asoma a la ventana, los amigos no se acercan a mirar.
Quien ruega al villano, ruega en vano.
No se cazan dos pájaros al mismo tiempo.
Fraile, manceba y criado son enemigos pagados.
Cuando llueve y hace sol, baila el perro y el pastor.
Cuentas viejas líos y quejas.
Años y desengaños hacen a los hombres huraños.
El demonio y las mujeres siempre se entretienen.
Quien escucha lo que no debe oye lo que no quiere.
Ni camino sin atajo ni campana sin badajo.
Hacer oídos de mercader.
Cree el ladrón que todos son de su condición.
El dinero y el amor son dos cosas que no se pueden ocultar.
Entre los amores verdaderos, el más fino es el primero.
Por San Eugenio, la leña en el hogar y las ovejas a encerrar.
La que de treinta no tiene novio, tiene un humor como un demonio.
Borregos al anochecer, charcos al amanecer.
Quien anda en malos pasos, en uno quedará atascado.
Año de brevas, nunca lo veas.
En la aldea, no hay melón malo ni mujer fea.
El hábito no hace al monje.
Nadie sabe lo que hay en la olla más que la cuchara que la mueve.
Hasta el mismo amor sincero, requiere algo de dinero.
Donde bien te quieren irás pocas veces; donde mal, nunca irás.
Nunca faltan rogadores para mitigar las penas.
A quien se viste de lo ajeno, le desnudan en concejo.
¡A darle que es mole de olla!
Con dinero baila el perro, y con un poco más hasta el dueño.
¡En San Antonio, rayos y truenos!
El plato de la mesa ajena se antoja más que el propio.
Cuando el cura se va a peces, donde irán los feligreses.
El que hace feliz a una mujer, es su esclavo; quien la hace desgraciada, es su dueño.
Recuerda que vives en la sombra de tu vecino.
Por la muerte de hijo no se descompone la casa.