El amor de carnaval muere en la cuaresma
No hay que reírse de la felicidad
Una manzana roja invita piedras.
De baldón de señor, o de marido, nunca zaherido.
Los extremos nunca son buenos.
Mal ganado es de guardar doncellas y mozas para casar.
Cólera de amantes resurgir del amor
En el amor como en los sueños no hay nada imposible
Los pájaros del mismo plumaje se reúnen en bandada.
Dios dice ayúdate que yo te ayudaré.
También de alegría se puede morir
Las flores son para los muertos.
Llevad vos, marido, la artesa, que yo llevaré el cedazo que pesa como el diablo.
Cada poema un silbido, como los que el viejo aquel de mi bloque, lanzaba cada mañana en cuanto ponía un pie en la calle, por si el perro que había perdido hacía veinte años, andaba por los alrededores.
Más doblado que carpa de camión.
Amor de casada no vale nada.
A manos frías, corazón ardiente.
El amor es como el agua que no se seca.
Juventud, calor y brío; vejez, tembladera y frío.
Ya muerta la burra, vino la albarda.
Febrero y las mujeres, entre cuatro paredes.
A palabras necias, bofetones.
Formó una tormenta en un vaso de agua.
Con la que entiende de atole y metate, con ésa cásate.
Más raro que perro verde
Amistades que del vino se hacen, al dormir la mona se deshacen.
Nunca bailes en una barca pequeña.
De prometer a dar, hay unas lenguas de mal andar.
El huésped y el pez, a los tres días hieden.
Ninguna buena historia se gasta, por muchas veces que se cuente.
Al rey muerto rey puesto.
La desconfianza y el amor no comen en el mismo plato
A quien paga adelantado, mal le sirve su criado.
A las flores les pedimos que tengan perfume. A los hombres, educación.
La mujer y la gaviota, cuanto más viejas más locas.
Cuando dos se quieren bien, con uno que coma basta.
Amor hecho a la fuerza no vale nada
Nochecitas alegres; mañanitas tristes.
Dios, si da nieve, también da lana.
Sobre brevas, ni agua ni peras.
Creerse el papá de los helados.
La nuera barre para que la suegra no ladre.
Tres cosas echan de su casa al hombre: el humo, la gotera y la mujer vocinglera.
Un bellaco cree que nada se puede hacer sin bellaquería.
Refrán es, verdadero, que quien sirve más, vale menos.
Dame Dios marido rico, aunque sea un borrico.
La muerte a nadie perdona, ni a tiara ni a corona.
Para que suegra y nuera se quieran, un burro debe subir la escalera.
Pastelero a tus pasteles.
Ni gazpacho añadido, ni mujer de otro marido.