Rebuznos de asno no llegan al cielo.
A la mujer ventanera, tuércela el cuello si la quieres buena.
Esfuerzo de vago, barriguera rota.
Amigo que no da pan y cuchillo que no corta, aunque se pierda no importa.
El no hacer falta y el estorbar, juntos suelen andar.
Cerca le anda, el humo tras la llama.
El que no arriesga nada lo arriesga todo.
Elige tu compañía antes de sentarte.
Los héroes que saben sacrificarse mejor, son los que mejor saben matar
Calle mojada, caja cerrada.
Pueblo chiquito, campana grande.
Oír como quien oye llover.
Día de San Martino, todo mosto es buen vino.
La alegría es el mundo de la libertad
Dios castiga, sin palo y sin cuarta.
Estorba más que un colchón en la cocina.
Nace en la huerta lo que no siembra el hortelano.
De boca para fuera.
Jamás digas: nunca jamás.
El gallo bueno, canta igual en su corral que en el ajeno.
El que nace para buey, hasta cuernitos le salen.
Guarda pan para Mayo y leña para todo el año.
Donde no hay cabeza, no hace falta sombrero.
Buena es la carne; buena es la cecina; mejor es la cocina.
¿Qué sabe el chancho de estrellas si nunca mira p'al cielo?.
A quien cuece o amasa, no hurtes hogaza.
No hay pero que valga.
Ojos que los vieron ir, no los verán volver.
Una comida sin vino, es como un día sin sol.
Muerto al agua, borrasca segura.
Candil de la calle, obscuridad de su casa.
Ni hombre que ralla, ni asno que brama.
Ocho de invierno y cuatro de infierno.
No coloques el puchero en el fuego si el ciervo aún corre en el bosque
En gustos y colores, no discuten los doctores.
A quien tiene ropa y duerme en el suelo, no le tengas duelo.
A la mujer, el hombre la ha de hacer.
No lastimes a los demás con lo que te causa dolor a ti mismo.
Quien picha lejos y pede fuerte no tiene miedo a la muerte.
El pan ajeno hace al hijo bueno.
Contigo no quiero tratos, pero con tu hermano sí, que me paso buenos ratos.
La casa quemada, acudir con el agua.
Moza hermosa, con dinero; yo, forastero, ¿y a mí me la dan?. Trapalán, trapalán.
Pensar no es saber, y más en tiempo de vendimias.
El alcalde de mi pueblo, ¡qué burro tiene que ser!, para mandar en nosotros, que semos más burros que él.
Lo dicho, dicho está.
Para cura de mis males, me vinieron más pesares.
Queda sin compañeros el hombre exigente hasta en los últimos detalles.
Cada uno canta como quiere.
La llaga sana, la mala fama mata.