Coser y hacer albardas, todo es dar puntadas.
El que te enseña por un día es tu padre por toda la vida.
Tarde roja y negra mañana alegran al peregrino
Rapados y por rapar, todos han de pagar.
Quien ama sin placer, quien bebe sin sed y quien come sin hambre, poco vive
Al que no está acostumbrado a bragas, las costuras le hacen llagas.
Ropa que mucho se cepilla, pronto raidilla.
Boca abierta, dientes de oro.
El tiempo y la marea, ni se paran ni esperan.
De cien en cien años, vuelve el río por sus andamios.
Quebrásteme la cabeza, y ahora me untas el casco.
Más moscas se cazan con miel que con hiel.
Que cada perrillo se lama su cipotillo. (Variante: que cada perrico se lama su cipojito (Cartagena)
La soga se rompe por lo más fino.
Edificar sobre arena no es buena labor.
Guarda el avaro su dinero para que lo derroche el heredero.
Aunque se necesite la espada una sola vez en la vida, es necesario llevarla consigo siempre.
El que anda pidiendo prestado, no tardará en andar con lamentaciones.
Hablar de la mar, y en ella no entrar.
La muerte se lleva igual al párvulo que al viejo.
Boticario que equivoca el tarro, manda al enfermo a mascar barro.
Se muere de vergüenza, no de miedo.
La humanidad se divide en tres clases: los inamovibles, los móviles y los que se mueven.
En casa llena no hay mujer mala.
Quien hace malas, barrunta largas.
Vale más ser cobarde un minuto que estar muerto todo el resto de la vida.
Carne blanda y vino puro, alimento seguro.
El que no ama, no se desilusiona.
Quien siempre habla y nunca calla dice muchas insensateces. La lengua ligera ocasiona problemas y a menudo menosprecia al hombre.
Después de Dios, la olla y todo lo demás es farfolla.
A casa de tu hermano no irás cada verano.
Para hacer la guerra se necesita arroz; para la paz tambien se necesita arroz.
Si sale con barbas, San Antón y si no, la Purísima Concepción.
De donde menos se piensa, salta la liebre.
De Jaén, o fuleros o malajes.
Ni te abatas por pobreza, ni te ensalces por riqueza.
Incluso la piedra se rompe si el fuego es lo bastante fuerte.
Ni lugar sin taberna, ni puta sin alcahueta.
El hombre se arropa, hasta dónde la sábana le llegue.
La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo.
Lo cortes, no quita lo valiente.
Confianza en Dios, y poquita, decía una viejita.
Aunque uno esté dormido, no deja de amanecer.
Da asistencia y cariño donde se necesite.
Una hora duerme el gallo, dos el caballo, tres el santo, cuatro el que no es tanto, cinco el capuchino, seis el peregrino, siete el caminante, ocho el estudiante, nueve el caballero, diez el pordiosero, once el muchacho y doce el borracho.
Orgullo, riqueza y hermosura son nada en la sepultura.
Canción de la transición.
Menos ha de ser llorado el muerto que el desdichado.
Decir, dice cualquiera; hacer solo el que lo sepa, quiera y pueda.
Nunca anochece donde se ama.