De día no veo y de noche me espulgo.
Mucho corre la liebre, pero más el galgo que a prende.
Amor y aborrecimiento no quitan conocimiento.
El amor todo lo iguala.
El tiempo lo arregla todo
De corsario a corsario, no se pierden sino los barriles.
Quien entre perros camina, fornica en cualquier esquina.
Que no pertenezca a los demás quien puede ser solo suyo
Roma, acuerdos y locos doma.
Por Navidad un paso de pájaro, por San Antonio [Abad] (patrón de la isla) un paso de demonio y por San Juan un paso de gigante.
Desde donde se posan las águilas, desde donde se yerguen los jaguares, el Sol es invocado.
Solo los recipientes vacíos resuenan y se oyen a gran distancia
Cada cual cuenta de la feria como le va en ella.
La cultura es como el azúcar; aunque haya poca da dulzor.
Viendo al payaso, soltando la risa.
El que con locura nace, con ella yace.
Ni calabaza sin tapón, ni mujer sin quita y pon.
No saber de la misa la media.
Aquí te cojo y aquí te mato.
La vida es una cuarentena para el paraíso.
El perro con rabia, de su amo traba.
Dios le da una lombriz a cada pájaro, pero no se la lleva hasta el nido.
A ti te las digo, Pedro; si por ti las toma Juan, es que también a ti te van.
Un copo de nieve no puede existir en una tempestad del fuego.
Un libro cerrado no es más que un rimero de papel.
Dale con que la abuela fuma.
El burro hablando de olotes.
Cada uno cuenta la feria como le ha ido.
Tantos días pasan de enero, tantos ajos pierde el ajero.
Por la calle van diciendo, poco nos llevamos todos.
Yo que la buscaba, y ella que no se quiso esconder, se juntaron el hambre con las ganas de comer.
A gran seca, gran mojada.
En casa del pobre, reventar antes que sobre.
Hay hombres como el dado: que se están de cualquier lado.
Yo le digo que se vaya y él desátase las bragas.
De los olores, el pan; de los sabores, la sal.
Hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana.
Si el ocio te causa tedio, el trabajo es buen remedio.
Quien duerme diez horas, a la vejez llora.
Al freír será el reír.
Mal duerme quien penas tiene.
El que ama a una casada, puede morir de cornada.
Aunque éstas obligado a amar a tu enemigo, no estás obligado a poner una espada en sus manos.
Cuando el pájaro la pica, es cuando la fruta está rica.
Amor, dinero y cuidado, no puede estar disimulado.
El amor y el interés se fueron al campo un día, pero más pudo el interés que el amor que le tenía.
Más vale dar a ruines que rogar a buenos.
El que da lo que tiene antes de la muerte merece que le den con un canto en los dientes.
A su amigo, el gato le deja siempre señalado.
De amigo reconciliado y de fraile colorado, guárdate con cuidado.