Mejor precavido, que arrepentido.
Los brazos pronto se cansan, cuando las muelas descansan.
Cuando el zorro ora, ten cuidado de tus gansos.
Si consigues encontrar a un amigo leal y quieres que te sea útil, ábrele tu corazón, mándale regalos y viaja a menudo a verle.
Algo quiere la coneja, cuando mueve las orejas.
No cantes victoria antes de tiempo.
Hacer oídos de mercader.
Hacerte amigo del juez
Donde no hay regla se pone ella.
Reniego de caballo que se enfrena por el rabo.
El muerto al pozo y la viuda al gozo.
Regala a la gata y te saltará a la cara.
Entender lo bello significa poseerlo
No hay que dejar escapar una oportunidad, que nunca va a presentares otra vez.
Ni perro sin pulgas, ni pueblo sin putas.
Raído y roto, cerca está lo uno de lo otro.
Las mujeres son como las veletas: solo se quedan quietas cuando se oxidan.
El relajo es dulce después del trabajo.
No ofende quien quiere sino quien puede.
Cuando el toro desconoce el tintineo del cencerro de su rebaño se pierde.
Condición de buen amigo, condición de buen vino.
A veces podemos hacer mal por una buena razón.
Poco y entre zarzas.
La astuta raposa borra las pisadas con la cola.
No se me olvidará mientras me acuerde.
Nadie diga mal del día hasta que sea pasado y la noche venida.
En la cancha se ven los gallos.
De cintura para arriba todos santos, y de cintura para abajo todos diablos.
Manden unos, manden otros, los tontos siempre nosotros.
De hombres es errar y de bestias porfiar.
Con fabes y sidrina, nunca falta gasolina.
Zorras y alcahuetas, todas son tretas.
Usted lea en su libro, que yo leo en el mío.
Nada puede decirse, que no se haya dicho.
La mujer del viejo, relumbra como el espejo.
En Febrero, un día al sol y otro al brasero.
Saber mucho y decir tonterías, lo vemos todos los días.
No incluyas en la lista de tus amigos al hombre que aplasta sin necesidad un gusano
No hagas a otros lo que no quieres que hagan contigo.
Una a una, pronto se le acaban al racimo las uvas.
Dame aficionado al juego y yo te daré borracho y mujeriego.
La mujer hermosa es peligrosa.
Los pensamientos no tienen fronteras
Remo corto, barca pequeña.
Arrimar uno el ascua a su sardina.
Bebe el vino en vidrio; y si el vino es generoso, en cristal precioso.
No hay duelo sin consuelo.
Hay señor mándame todo percance, mándame males añejos; pero lidiar con pendejos, no me lo mandes señor.
Las palabras ásperas hieren más de una flecha envenenada.
Hoy que tengo para pan, ya no tengo dientes.