Tiran más dos tetas, que los bueyes de dos carretas.
Tú que querías y yo que tenía ganas, sucedió lo que el diablo deseaba.
Cuanto más saben los hombres peores son
Lo hablado se va; lo escrito, escrito está.
No dar ni recibir, sin escribir.
Solo el ciego tantea en la oscuridad.
Hacer favores, empollar traidores.
A la mujer fea, el oro la hermosea.
Se queja más que la llorona.
La barca pasa, la orilla queda
Tanto le alabas que nunca acabas.
Más ordinario que un moco en una corbata.
Amor sin pudor, es todo menos amor.
Vino y mujer, te dan la vuelta y te ponen al revés.
Debajo de la hiel suele estar la miel.
Lo que la mujer no hace por amor, lo hace por despecho.
Al olor de los dineros ya vendrá algún forastero que no conozca tu historia con los ojos bien tapados como el burro de la noria.
Domingo de Ramos, el que no estrena no tiene manos.
La nuera barre para que la suegra no ladre.
Esto vale lo que un ojo de la cara.
Ratoncitas y ratones, bonitos, pero ladrones.
Mejor una palabra que serene a quien la escucha que mil versos absurdos.
Algunos buscan la felicidad. Otros la crean.
El que a pueblo ajeno va a casar, o va engañado o va a engañar.
El amor es carne para el mancebo y hueso para el viejo.
Con el metro que midas, te medirán.
Una tormenta de arena pasa; las estrellas permanecen.
Por rey se tenga quien a nadie tema.
La mitad de la alegría reside en hablar de ella.
A olla que hierve ninguna mosca se atreve.
Dame pega sin mancha, darte he moza sin tacha.
Juegos de manos, ni a los piojos les son gratos.
Las tres ges de quien sabe ser amo de su casa: ganar, gastar y guardar.
La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz.
Cuando comieres pan caliente, no bebas de la fuente.
De Dios a abajo, cada cual vive de su trabajo.
Niño que en la mesa canta, se atraganta.
El sueño y la muerte hermanos parecen.
A caballo de presente no se le mira el diente.
Al papel y a la mujer, lo que le quieran poner.
El tiempo que pasa uno riendo es tiempo que pasa con los dioses.
En la muerte y en la boda, verás quién te honra.
Todos llaman a la puerta de aquel que llama a todas las puertas
De las angustias, la muerte; de las fieras, las mujeres.
Al alcalde y a la doncella, no les diga nadie: "Si yo quisiera.".
Solamente los imbéciles no cambian de opinión
Si vences la desesperación vencerás otras batallas
Viudas, casadas y doncellas, buenas son todas ellas.
Tabernero que bebe, termina donde no debe.
La venganza es un plato para tomar frío.