No juzgues el barco desde tierra
Limando se consigue de una piedra una aguja
Quien con el viejo burlo, primero rió y luego lloró.
El año nuevo nos viene anunciando cuando Diciembre se va tiritando.
Es en vano dar razones cuando no las escuchan.
A la vejez, cuernos de pez.
Madruga y verás; busca y hallarás.
El que nace para borrico, del cielo le baja el aparejo.
Cuida los centavos, que los pesos se cuidan solos.
Pulgas tiene la viuda, busque quien se las sacuda.
Cuando la miseria entra por la puerta, el amor sale por la ventana.
Andar el tiempo y vernos hemos.
Un solo día de frío no basta para congelar el río a tres pies de profundidad.
El día que no me afeité, vino a mi casa quien no pensé.
La comprensión siempre llega más tarde.
Al hombre de rejo, vino recio.
El que siembra, cosecha.
Daría yo un ojo, porque a mi enemigo sacasen uno.
Hasta la hora del luto, ojo enjuto.
Si culo veo, de culo me da deseo.
La arruga es viejera, la cana embustera.
Sobre advertencia no hay engaño.
Es mejor que una piedra en el ojo y una mordida de puerco en la cara.
Como el gallo de tía Cleta: pelón, pero cantador.
A sembrar a San Francisco, aunque sea en un risco.
Nos avergonzamos de reconocer lo que le debemos al azar: de todos los benefactores, el azar es el que recibe más ingratitud
La carne sobre el hueso relumbra como un espejo.
La suerte es loca y a todos nos toca.
Por Santa Catalina, respigos y sardinas.
Según el sapo es la pedrada.
Guardado el dinero, no pone huevos.
No merma el daño el ser muchos a llorarlo.
Lo que el Diablo no puede hacer hácelo la mujer.
Madre, si usted no me casa, con el culo tiro mi casa.
Por San Andrés, la nieve en los pies.
Indio comido, puesto al camino.
Es como la gatita de Maria Ramos, que tira la piedra y esconde la mano.
Como el gazapo, que huyendo del perro dio en el lazo.
Un día de obra, un mes de escoba.
Los ojos son el espejo del alma.
Solo un tonto mete los dos pies en el agua para ver su profundidad.
Viejo que boda hace, "requiescat in pace".
Ya en el veranillo, la madurez del membrillo.
Cuesta poco prometer lo que jamás piensan ni pueden cumplir.
El pudor de la doncella la hace aparecer más bella.
Desde que se inventó el soplar, se acabó el quemar.
Guárdese el cojo y no eche la capa al toro.
Las palabras del anciano son muchas veces oráculo.
El que recibe todas las pedradas se pone el escudo.
Por la plata baila el mono.