Como no son tuyos los zapatos, que tiras por el barro.
No juzgues el barco desde tierra
Cuida los centavos, que los pesos se cuidan solos.
El que nace para borrico, del cielo le baja el aparejo.
Quien con el viejo burlo, primero rió y luego lloró.
Es en vano dar razones cuando no las escuchan.
En casa de Manuel, él es ella y ella es él.
A la vejez, cuernos de pez.
Andar el tiempo y vernos hemos.
Salamanca, a unos sana y a otros manca y a todos deja sin blanca.
Cuando la miseria entra por la puerta, el amor sale por la ventana.
Limando se consigue de una piedra una aguja
El día que no me afeité, vino a mi casa quien no pensé.
El que siembra, cosecha.
La comprensión siempre llega más tarde.
Al hombre de rejo, vino recio.
Daría yo un ojo, porque a mi enemigo sacasen uno.
Hasta la hora del luto, ojo enjuto.
Sobre advertencia no hay engaño.
Un solo día de frío no basta para congelar el río a tres pies de profundidad.
La suerte es loca y a todos nos toca.
Si culo veo, de culo me da deseo.
La arruga es viejera, la cana embustera.
Nos avergonzamos de reconocer lo que le debemos al azar: de todos los benefactores, el azar es el que recibe más ingratitud
A sembrar a San Francisco, aunque sea en un risco.
Es mejor que una piedra en el ojo y una mordida de puerco en la cara.
No merma el daño el ser muchos a llorarlo.
Como el gallo de tía Cleta: pelón, pero cantador.
Según el sapo es la pedrada.
Por Santa Catalina, respigos y sardinas.
La carne sobre el hueso relumbra como un espejo.
Guardado el dinero, no pone huevos.
Madre, si usted no me casa, con el culo tiro mi casa.
Lo que el Diablo no puede hacer hácelo la mujer.
Indio comido, puesto al camino.
Los ojos son el espejo del alma.
Por San Andrés, la nieve en los pies.
Es como la gatita de Maria Ramos, que tira la piedra y esconde la mano.
Como el gazapo, que huyendo del perro dio en el lazo.
Solo un tonto mete los dos pies en el agua para ver su profundidad.
Ya en el veranillo, la madurez del membrillo.
Un día de obra, un mes de escoba.
Viejo que boda hace, "requiescat in pace".
Todos nacemos llorando y nadie se muere riendo.
Cuesta poco prometer lo que jamás piensan ni pueden cumplir.
Desde que se inventó el soplar, se acabó el quemar.
El que recibe todas las pedradas se pone el escudo.
Guárdese el cojo y no eche la capa al toro.
Juzgué de ligero y arrepentirme presto.
Las palabras del anciano son muchas veces oráculo.