Los reyes tienen los brazos largos.
Zurdos y cojos, denme en los ojos.
A casa de mi novia llevé un amigo: él se quedó adentro y yo despedido.
Todos los hombres se entenderían bien sin las palabras mio y tuyo.
Rebuzné una vez, y como burro quedé.
Quien escribe mucho desvaría
Para Santa Teresa, rosa en la mesa.
Juanes y burros, en cada casa suele haber uno.
En la paz se cuelga a los ladrones; en la guerra se les honra.
Oír es precioso para el que escucha.
Cuando la vieja se remoza, andar ligera debe la moza.
No temas a truenos ni a ratones, ni brujas ni supersticiones.
Soplar la pelusa de un abrigo de pieles, para descubrir el menor defecto.
Las berzas de enero, escurren el puchero.
Hijo ajeno, candela en el seno.
A ellas padre, vos a las berzas y yo a la carne.
Las palabras sinceras no son elegantes, pero las elegantes no son sinceras.
Lo que más se quiere, presto se pierde.
El hombre cuando es celoso se acuesta pero no duerme.
El tiempo y las palabras no pueden volver a recogerse.
A confesión de castañeta, absolución de zapateta.
La piedra regalada por un amigo es una manzana
Tres pueden decidir de forma satisfactoria si dos están ausentes
Ni amigo reconciliado, ni café recalentado.
Cada día un grano pon, y harás un montón.
La sangre del pobre el rico se la come.
No somos ríos, para no volver atrás.
Al que le pique, que se rasque.
Hay que presumir de tener muchos amigos pero creérselo poco
Aquí no más mis chicharrones truenan.
El que con muchos se casa, a todos enfada.
Adonde quiera que fueres, ten de tu parte a las mujeres.
Querer y no poder es más antiguo que el peer.
La mala mujer y el buen vino, se encuentran en el camino.
Quien no sabe de abuelo, no sabe de bueno.
Un hombre, una palabra; una mujer, una carretada.
Quien ve romero y no lo coge, del mal que le venga no se enoje.
De quien habla a tiento, disparates sin cuento.
La felicidad, como el arco iris, no se ve nunca sobre la casa propia, sino solo sobre la ajena.
Al último siempre le muerde el perro.
Gato que mucho se lava, anuncia agua.
Un suspiro es poco alivio.
Cuando llueve y hace sol, son las bodas del pastor.
Aunque el hombre sea de bronce, no le quites el trago de las once.
Lo que ocurre una sola vez, probablemente no ocurra nunca más, pero lo que ocurre dos veces, probablemente ocurra una tercera vez.
El papel que se rompa él.
Ni bonita que admire, ni fea que espante.
Querer y no querer, no está en un ser.
Es cosa de locos querer coger mucho sembrando poco.
Al burro el palo y a la mujer el regalo.