De mozo rezongador nunca buena labor.
Azotando el cuerpo de la mujer se ajusta su virtud
Cuando la olla hirbiendo se desborda, ella misma se calma.
Oídos que bien oyen, consejos encierran.
Una hora duerme el gallo, dos el caballo, tres el santo, cuatro el que no es tanto, cinco el capuchino, seis el peregrino, siete el caminante, ocho el estudiante, nueve el caballero, diez el pordiosero, once el muchacho y doce el borracho.
Quien habla en voz alta, piensa poco.
Los que beben mucho no le encuentran el gusto
Alegría y tristeza muerte acarrean.
La abeja, unas flores escoge y otras deja.
Dichosos mis bienes, que remedian mis males.
Una vez se nace, una vez se muere y una vez se quiere.
El heroísmo consiste en aguantar un minuto más.
Si no puede edificar una casa, construye un corazón.
Padres viejos, hijos huérfanos.
A cada pajarillo agrada su nidillo.
Olla remecida u olla bien cocida.
Dar una fría y otra caliente.
A rocín viejo, cabezada nueva.
Vino y mujer, te dan la vuelta y te ponen al revés.
Cuando de los cincuenta pases, no te cases.
¿Qué hace con la moza el viejo?. Hijos huérfanos.
Los buenos consejos llegan hasta el corazón del sabio y se detienen en los oídos del malvado
Casar, casar: bueno es de mentar y malo de llevar.
Ni huerta en sombrío, ni casa junto al río.
A casa de mi novia llevé un amigo: él se quedó adentro y yo despedido.
El día tiene ojos, la noche tiene oídos.
Con putas y frailes ni camines ni andes.
Los escándalos de familia no deben trascender para afuera.
Amigo si te echas novia, échatela entre semana, porque en llegando al domingo, la más cochina se lava.
Berzas y nabos, para en uno son entrambos.
Manjares y buenos vinos, no son para los cochinos.
Abril frío, poco pan y poco vino.
Plata refinada es la lengua del justo; el corazón del malvado no vale nada.
Con el tiempo que pasa se conoce el corazón del hombre.
Recogemos solo la felicidad que hemos dado a manos llenas, sin pedir nada a cambio
Con las viñas te has casado, y después se te han helado.
El que se emperra se emperra, el que se enchila se enchila, y el que se encula se chinga.
Toda flor quiere ser fruto.
El que me hace más bien de lo que suele, o engañado me ha o engañarme quiere.
Quien habla con argumentos, no grita ni hace aspavientos.
Hoy robas un huevo, mañana robas un buey.
A la mujer y a la suegra, cuerda.
En los meses frioleros, se tapa hasta el brasero.
El melón y la mujer, difíciles son de entender.
Contra gustos no hay nada escrito.
A las obras me remito.
Las paredes oyen.
No te metas en pleito de marido y mujer, porque se arropan con la misma sabana.
Si iniciaste el camino por voluntad propia mil ri parecen uno solo. (El ri es una unidad de medida de longitud japonesa)
Si quieres saber quien es Periquillo, dale un destinillo.