Bendita la casa que a viejos sabe.
Mal se cuece olla que no se remece.
Pompa vana: hoy hojas marchitas lo que ayer rosa galana.
Valgan las llenas, por las vacías.
Con el tiempo que pasa se conoce el corazón del hombre.
La belleza atrae, el talento retiene y el corazón sostiene.
Es fácil nadar cuando os aguantan la barbilla.
La fortuna es una rueda: gira hacia adelante y hacia atrás.
A palabra necias, oídos sordos.
Si las vides lloran debemos beber sus lágrimas.
La belleza y la tontería, van siempre en compañía.
Mal se conforma con el viejo la moza.
Para mal casar, mejor nunca maridar.
Soplo de marzo y lluvia de abril, a agosto y septiembre los hacen reír.
Mujer hermosa, niña e Higuera, no las garda Cualquiera.
A dos palabras tres porradas.
Las lágrimas de los buenos no caen por tierra, al contrario van al cielo, al seno de la divinidad.
Lo que se pierde a la salida del sol se recupera a su puesta.
Olla remecida u olla bien cocida.
Solo en la actividad desearás vivir cien años.
Lo que ocurre una sola vez, probablemente no ocurra nunca más, pero lo que ocurre dos veces, probablemente ocurra una tercera vez.
Hablo de la gente de nuevo cuño.
Músico pagado, contento pero desafinado.
Escucha el silencio... que habla.
Para vos me peo y para otro me afeito.
Galán parlero, mal galán y peor caballero.
El hábito no hace al monje.
Aguas calmadas estropean los puentes.
Detrás de la mala suerte viene la buena.
Bebe leche y bebe vino y de viejo estarás como un niño.
Melón es el casamiento, que solo lo cata el tiempo.
El que se emperra se emperra, el que se enchila se enchila, y el que se encula se chinga.
Cortesías engendran cortesías.
La Luna no es pan de horno
Lo que del corazón rebosa, sálese por la boca.
Madeja enredada: quien te madejó, ¿por qué no te devanó?.
Cuando de los cincuenta pases, no te cases.
De mozo rezongador nunca buena labor.
Reniego del árbol que a palos ha de dar su fruto.
El momento elegido por el azar vale siempre más que el momento elegido por nosotros mismos.
Mira hacia el sol, pero no des la espalda a la tormenta.
Dinero de canto, se va rodando.
Con las viñas te has casado, y después se te han helado.
Cada gallo canta en su gallinero, y el que es bueno, en el suyo y en el ajeno.
Alegría y tristeza muerte acarrean.
Nosotros, perros de casa, hemos matado a la liebre, dice el perro faldero.
No hay moneda que no pase, ni puta que no se case.
Ninguna situación es tan grave que no sea susceptible de empeorar.
De la mujer el primer consejo, que el segundo no lo quiero.
Las furias de Celestino, no me importan un comino.